Hacia allí tiende el movimiento del pueblo que se acerca al altar, para participar ya de la gracia y para esperar su consumación en la eternidad.
Algunos elementos arquitectónicos de este ábside marcan un dinamismo singular. En primer lugar su forma no es un simple semicírculo. Está constituido por una primera faja plana que abarca las paredes laterales y el arco. Luego se suma una superficie inclinada.
La otra gran característica es que la iglesia tiene un deambulatorio que corre por detrás del ábside. Éste en su base está perforado por tres arcos que llevan la mirada a la pared del fondo del deambulatorio. Hay aquí un juego de luces y planos de gran riqueza. Por otra parte un óculo marca el eje y la última pared, dándole un sentido de centro y de apertura cósmica.

 

La Santísima Trinidad.


La divinidad y su unicidad (creo en un solo Dios) está simbolizada en el círculo, símbolo de lo eterno: figurativamente es el mismo en las tres Personas Divinas.
Simbólicamente el Padre, a quien nadie ha visto jamás, se representa por la mano en gesto de hablar y actuar: él se revela en su única y eterna Palabra, el Verbo, su Hijo encarnado y obra por su poder.
El Espíritu Santo está simbolizado en forma de paloma y desciende sobre Jesús, en su encarnación, en la unción bautismal, lo guía en su ofrenda, inmortaliza la carne y es dado como don pascual a la Iglesia.


La imagen de Jesucristo Sacerdote y cordero eterno


Jesús es representado, verdadero Dios y verdadero hombre, muerto y resucitado, glorioso, que vive y reina.
Su divinidad está simbolizada en la almendra (mándorla), que lo rodea.
Jesús que murió en la cruz ofreciéndose a sí mismo, de una vez para siempre, habiendo entrado en el santuario eterno sigue ofreciéndose perpetuamente.
La imagen con las manos extendidas y sus preciosas llagas, lo representan como Sacerdote – que se ofrece – y como Cordero – que es ofrecido - siempre, eternamente, al Padre.
Él es la fuente de toda gracia, del perdón de los pecados, la efusión del Espíritu santificador, quien resucita a los muertos y nos introduce ante el Padre.
Ese sacrificio y ofrenda de perfecta reconciliación y alabanza la actualiza Jesucristo en el Santo Sacrificio de la Misa, uniendo consigo a la Iglesia, su Esposa y su cuerpo.


Los ángeles con los instrumentos de la pasión.


Para significar y recordar la unidad del misterio del Sacrificio eterno y su anclaje histórico – por lo cual la Misa es memorial perpetuo de la pasión – alrededor de Cristo aparecen siete ángeles. Seis de ellos llevan los instrumentos de la pasión. Uno de ellos se cubre el rostro y contempla azorado, conmovido.
Todos están vueltos hacia Jesús llevándonos a vivir lo que nos proclama el texto: Mirarán al que atravesaron. Con ello, todos miramos a Jesús en su sacrificio, en sus llagas preciosas, en su costado abierto.
Los ángeles del cielo, los santos, la Iglesia de la tierra, y especialmente los que nos unimos al Santo Sacrificio de la Misa, contemplamos la pasión del Señor, que nos amó y se entregó por nosotros y nos unimos a ella.
El paño con que los ángeles cubren sus manos nos enseña toda la reverencia, incluso con nuestro cuerpo, con el que debemos acercarnos a las cosas divinas. La liturgia está impregnada de esta santa reverencia. Los ángeles nos la enseñan y a ellos los acompañamos en cada celebración.
El tetramorfos, es la combinación de los cuatro vivientes que simbolizan la presencia de Dios y su Cristo actuando en todo el orbe, singularmente por el Evangelio cuadriforme, fuerza de Dios para la salvación.


Los querubines


En las paredes laterales como una guarda hay tres querubines de cada lado. Los querubines se representan con una cara de ángel, con seis alas. Tienen en sus manos unos pequeños cartelitos con la inscripción SANTO. Los querubines expresan la adoración permanente de los coros angélicos ante la majestad de la Trinidad Santísima. Es el culto perpetuo en la liturgia de la Jerusalén del cielo, en el cual Jesucristo ofrece ante el Padre el sacrificio eterno.
De ese culto perfecto, participa la Iglesia en el sacrificio eucarístico y lo expresamos en el seno de la Plegaria Eucaristía, cuando con los ángeles y los arcángeles cantamos el mismo himno: Santo, Santo, Santo es el Señor del Universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Y mirando a Jesús: bendito el que viene en el nombre del Señor.
La etimasía, el trono preparado para el rey y juez.
En el punto más alto del arco triunfal que cierra el ábside se ha pintado la 'etimasia'. Con esa palabra griega se alude al trono preparado para el Rey, que vendrá con gloria como juez de vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. El libro es tanto el Evangelio, como el libro de la vida, con el que seremos juzgados.
La cruz gemada, es simultáneamente muerte y resurrección. Ante la cruz seremos juzgados y por ella esperamos ser salvados.
Los ancianos que deponen las coronas y se postran representan la adoración de todos los pueblos ante el juicio y señoría de Cristo rey, sacerdote, profeta.
La cruz dorada, en el centro del arco señala el centro de todo y la relación del altar y la Misa con el sacrificio de Cristo. Se relaciona visualmente con la cruz de la etimasía.


El arco y el deambulatorio


A través del arco central (aún no en su disposición acabada) se ve la Virgen Santísima, nuestra Señora de Guadalupe, con los Santos Apóstoles Pedro y Pablo. María es la representación de la Iglesia sin mancha ni arruga, santa y glorificada, que en el tiempo es guiada por el ministerio apostólico. El deambulatorio tiene su sentido para acercarse a las imágenes.