Curriculum Vitae

Mons. Alberto Sanguinetti Montero, fue preconizado Obispo de Canelones el 23 de marzo de 2010. Fue consagrado obispo en la Catedral de Canelones el 20 de marzo del mismo año, siendo el consagrante principal el Arzobispo de Montevideo, Mons. Nicolás Cotugno, y Obispos ordenantes: Mons. Orlando Romero Cabrera, obispo emérito de Canelones, Mons. Carlos María Collazzi, obispo de Mercedes y Presidente de la Conferencia Episcopal del Uruguay, Mons. Anselmo Guido Pecorari, Nuncio Apostólico en el Uruguay, Mons. Marcelo Raúl Martorell, obispo de Puerto Iguazú, y todos los Sres. Obispos presentes.

Es Presidente del Departamento de Educación Católica de la Conferencia Episcopal del Uruguay.

Alberto Sanguinetti Montero nació en 1945 en Montevideo. Procede de familia de tradición cristiana por ambas ramas: su padre, Horacio Sanguinetti García Lagos, abogado, por la familia materna ampliamente ligado a la causa católica; su madre, Rosina Montero Uriarte, con participación en muchas instituciones de la Iglesia. Son 4 hermanos. Bautizado y miembro de la Parroquia Stella Maris de Carrasco hasta que entró al Seminario.
 Fue alumno de primaria y liceo en el Colegio San Juan Bautista (Hermanos de la Sagrada Familia), cursó preparatorios de arquitectura en el Colegio del Sagrado Corazón (Padres Jesuitas).
 En 1962 ingresó en el Seminario Interdiocesano “Cristo Rey”, donde siguió los cursos de humanidades y filosofía; en 1971 obtiene su licenciatura en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana, y continúa un año de estudios en el Pontificio Instituto Bíblico.
Fue incardinado a la Arquidiócesis de Montevideo el 1 de septiembre de 1967.
Fue ordenado diácono por Mons. Wladyslaw Rubin, en Roma el 7 de mayo de 1970
El 18 de mayo de 1973 es ordenado presbítero de la Iglesia de Montevideo por el Arzobispo Mons. Carlos Parteli.
En 1978 obtuvo su doctorado en teología en la Facultad de Teología de San Miguel (Buenos Aires). Su tesis “Gratuidad y respuesta del hombre a Dios. Estudio en las Enarrationes in Psalmos de S. Agustín”, Montevideo 1983, mereció numerosas recensiones especializadas y el elogio autógrafo de H. de Lubac y A. Solignac.


7 años fue vicario parroquial de la Parroquia de Ntra. Sra. del Carmen del Cordón y 1 año en la Iglesia Catedral de Montevideo. En la primera terminó la obra del nuevo presbiterio, con el nuevo altar exento.
En 1982 fue nombrado párroco de la Parroquia de Ntra. Sra. del Sagrado Corazón y Sta. Rita (Maroñas). Allí, además de vivificar la comunidad, luego de un incendio que destruyó la vieja capilla, edificó todo el centro parroquial: iglesia, casa sacerdotal, despacho y salones.
De fines de 1989 a 2000 fue párroco de la Parroquia Stella Maris (Carrasco). Allí renovó la catequesis, creó y acompañó decenas de matrimonios en grupos de lectura evangélica. Renovó la iglesia, con el ordenamiento del presbiterio y edificó una gran casa como vivienda para los sacerdotes.
Desde febrero hasta julio de 2005 fue Párroco de Ntra. Sra. del Perpetuo Socorro y S. Alfonso (calle Tapes). Restauró las pinturas del templo y renovó la casa sacerdotal.
Desde el 31 de julio de 2005 fue Párroco de Nuestra Señora del Carmen la Mayor (Cordón).
En todo su servicio parroquial se ha caracterizado por desarrollar al máximo la vida litúrgica, fomentando la liturgia solemne, con el canto sacro y el órgano. En las parroquias que ha dirigido, hubo siempre Misa Mayor Solemne y Canto de vísperas dominicales y rezo diario de las mismas.

Profesor ordinario de la Facultad de Teología del Uruguay, se entrega a la docencia desde 1973. Enseñó continuamente el tratado de Gracia y Virtudes; también dictó los cursos de Dios Uno y Trino, Eclesiología, Bautismo y Confirmación, Orden Sagrado, Cristología y Mariología. Ha enseñado Teología Pastoral y Ecumenismo.
Para los alumnos de licenciatura ha ofrecido cursos de Teología de la Evangelización, Evangelización e iniciación, Teología de la Predicación y sobre diversos autores: San Agustín, Santo Tomás de Aquino, Hans Urs von Balthasar, Bernard Lonergan, André Léonard.
En 1979-1980, fue vice-rector y luego rector interino del Instituto Teológico del Uruguay. Profesor Ordinario, ha sido consejero por varios períodos.
En noviembre de 1999 asumió como director del Instituto Teológico del Uruguay e hizo todo el trabajo para su elevación a Facultad. Éste fue erigido en julio de 2000 como Facultad de Teología del Uruguay, Mons. Mariano Soler, Obtuvo el reconocimiento estatal de esta casa de formación como Instituto Universitario. Fue el primer Rector de la facultad hasta julio de 2004.

Ha sido consultor diocesano varios períodos, es actualmente miembro del Consejo del Presbiterio. En actividades nacionales ha sido miembro y secretario ejecutivo de la Comisión de Pastoral Popular, de la Comisión de Doctrina y de la Causa de beatificación de Mons. Jacinto Vera. Actualmente es vice-postulador de la Causa de beatificación de Mons. Jacinto Vera y ultima la positio sobre su vida y virtudes.
En la pastoral popular se destaca su trabajo en la difusión de la Virgen de los Treinta y Tres y de su santuario, con publicaciones (en especial una Historia de la Virgen de los Treinta y Tres, Florida 1996), eventos, celebraciones y formas de atención a los peregrinos. Escribió un catecismo para niños, “Jesucristo, camino, verdad y vida – Compendio de la doctrina católica”.
Es promotor del arte cristiano, en la arquitectura, la escultura sacra, la música, la palabra y el canto, siendo el creador del concierto “Uruguay le canta a la Virgen de los Treinta y Tres”, que lleva 13 ediciones. Produjo el concierto y CD de Las siete últimas palabras de nuestro Redentor en la cruz de Joseph Haynd, grabado en vivo con orquesta sinfónica y el sermón de las siete palabras predicado por él mismo.
Hizo la iglesia de Santa Rita, con su Pantocrátor en terracota engobada; restauró el presbiterio y el bautisterio de Stella Maris, con su gran Pantocrátor de talla de madera; restauró las pinturas de la iglesia del Perpetuo Socorro, y levantó su nuevo altar de moderna concepción en mármol de Carrara; renovó la iglesia del Cordón, en su altar, y ahora tiene en obra el ábside para el que se crean cuatro ángeles y un Pantocrátor de mosaico de piedra, esmalte y oro; ya han sido realizados tres ángeles.
Ha predicado ejercicios espirituales a diferentes presbiterios diocesanos, a laicos y seminaristas en el Uruguay y la Argentina.
Ha dictado cursos para laicos y religiosas.
Es fundador de la Sociedad Uruguaya de Teología.
Ha participado en múltiples encuentros internacionales de teología y cultura, el último el IX Coloquio anual del Consorcio Latinoamericano de Libertad Religiosa, sobre Religión en la Educación Pública, Montevideo 2009.

Su inquietud por la problemática teológico-pastoral de nuestro tiempo se vio traducida en conferencias y artículos, muchos de los cuales fueron reunidos en el libro “amor, verdad, gratuidad. Reflexiones teológicas”, Ed. Paulinas, Buenos Aires, 1997, pp.423.
Los artículos contenidos en este libro muestran una amplia gama de la búsqueda y la reflexión teológica. Su unidad está dada por la pasión por Jesucristo y la luz de su verdad resplandeciente y la mirada puesta en el hombre a quien se le anuncia la buena noticia de la gracia de Dios.
Tenemos ejemplos de la profundización en los Santos Padres - Ireneo (cap. 2) y Agustín (cap. 3) -, escuchando su voz que nos descubre las riquezas, la novedad del hombre transformado por el Espíritu de Dios.
El anuncio del Evangelio de la gracia es confrontado con las inquietudes del hombre actual, sea en sus búsquedas de caminos de salvación (cap. 1), en la concepción del lugar de la religión en la sociedad uruguaya (cap. 11), así como en el movimiento suscitado por el Concilio Vaticano II (cap. 4).
Algunas escritos se refieren a la iluminación teológica de dimensiones globales, como la pastoral (cap. 8) la cultura y la catequesis (cap. 6 y cap. 9). Otros enfocan la reflexión sobre aspectos más particulares : el sacramento de la confirmación y su problemática dentro de la iniciación cristiana (cap. 5), la novedad de la fiesta cristiana y su liturgia (cap. 10), la teología de la imagen sacra, estudiada en sus fundamentos y en imágenes concretas, la Virgen de los Treinta y Tres (cap. 7) y el ícono de Cristo Pantocrator (cap. 12). De enfoque claramente eclesiológico es la consideración de la Iglesia, esposa de Cristo (cap. 15) y el tratamiento de los carismas (cap. 13).
Ofreciéndonos esta gama amplia de temas, el autor desnuda el sentido de la teología y su propia vivencia de la tarea del teólogo, al describirlo como una amor apasionado, doloroso y gozoso por Cristo, Sabiduría de Dios (cap. 14).
El libro puede leerse en su orden, o eligiendo el capítulo de interés primario. De todas formas, en este rico y amplio repertorio, el lector va profundizando en la novedad del amor de Dios, gratuito y plenificante y el llamado a vivirlo en una respuesta amorosa y fiel, iluminada por la verdad del Padre, revelada en Cristo y reflejada en el rostro de la Iglesia.


Dirigió la publicación AA.VV., La fiesta hoy. Estudio interdisciplinar sobre la fiesta, Montevideo,

En 2010 publicó Sursum Corda, Levantemos el corazón, Ed. San Benito, Buenos Aires, Montevideo, México.
Sus capítulos son: La Eucaristía Sacrificio de Cristo y de la Iglesia, La Eucaristía realizada en la Plegaria Eucarística y Participación, Mistagogía y Acceso al Padre, con prólogo de Mons. Piero Marini.
El libro plantea una revisión de la teología de la Eucaristía, acentuando especialmente la dimensión sacrificial, la comunión con la liturgia celestial y el ofrecimiento de Cristo en los cielos, con detallado análisis de la Plegaria Eucarística, como fuente de reflexión teológica y litúrgica.
También se plantea una revisión y profundización del proyecto conciliar para la Liturgia.

 


 


 

Explicación Escudo Episcopal

escudo grande

 

 

El escudo está divido en tres cuarteles: dos superiores y uno inferior.
En el cuartel superior derecho: la corona de la Virgen de los Treinta y Tres en oro, sobre campo de azur.
La corona que María recibe es participación de la victoria de Cristo glorificado, el oro es la luz y lo imperecedero: es Dios y la comunicación de su verdad y eternidad.
Representa a la Virgen María, madre, socia de Jesucristo y reina, agraciada por la gracia de Dios, de modo que por su inmaculada concepción y por su gloriosa asunción participa plenamente de la gloria de Jesucristo; la Madre de Dios es invocada como patrona del Uruguay, con el título citado y como patrona de América y especialmente de Canelones en su título de Nuestra Señora de Guadalupe. Asimismo María personifica a la Iglesia Santa, Esposa inmaculada, llamada a las bodas eternas, en el ámbito celestial y divino significado en el color azul.

En el cuartel superior izquierdo: una flor de jacinto sobre fondo de gules (rojo).
Representa al Siervo de Dios, Mons. Jacinto Vera, primer Obispo de Montevideo, modelo de santidad y de pastor fiel, padre y patriarca de la Iglesia en el Uruguay. A su vez los tres colores indican la vida divina que el Espíritu Santo infunde en la Iglesia peregrinante, guiada por la luz de la fe (plata, blanco), ardiente en la caridad hacia Dios y al prójimo (gules, rojo fuego) y sostenida en la perseverancia y las pruebas por la esperanza de Dios y en Dios (sinople, verde).

En el cuartel inferior: la Iglesia Catedral de Canelones sobre fondo de plata (blanco).

Siendo Cristo luz de las naciones, se refleja sobre el rostro de la Iglesia, que está congregada en esta concreta Iglesia local de Canelones, en ella verdaderamente está y obra la única Iglesia de Cristo, que es Una, Santa, Católica y Apostólica; para ella el Obispo es sacramento de Jesucristo, Sumo Sacerdote, Testigo de la Verdad, Cabeza y Esposo.

La cruz acolada es la cruz gloriosa.
Hace presente a Jesucristo, muerto, resucitado, glorificado. La cruz es el símbolo de la bienaventurada pasión del Hijo y Siervo de Dios, que nos redime por su preciosa sangre. El oro, luz incorruptible, manifiesta a Cristo resucitado, entronizado a la derecha del Padre, que vive y reina como Señor, Salvador, Juez. Las cinco llagas en piedra, firmeza y luz, significan el carácter perpetuo del sacrificio de la cruz, que Jesús, Hijo de Dios, ofrece continuamente ante el Padre en el santuario de la Jerusalén celestial, al que une a la Iglesia en el Sacrificio de la Misa por medio del ministerio sacerdotal.

El escudo es enmarcado o "timbrado", con un sombrero episcopal o capelo de peregrino puesto encima del escudo, con una cuerda terminada en seis borlas de tres filas a cada lado.

El lema en cinta apergaminada: amicus Sponsi.
Jesús es el Mesías divino, que como Esposo se entrega por la Iglesia, para hacerla su Esposa santa e inmaculada. La alianza nueva y eterna, entre Dios y los hombres, es una alianza nupcial, entre el Hijo de Dios hecho hombre y la humanidad convertida por la gracia en Iglesia, Esposa y cuerpo de Cristo. Esa alianza, a la que se entra por el bautismo, se actualiza en el banquete nupcial de la Eucaristía, participación del eterno banquete de bodas del Cordero.
Juan el Bautista, que no es el Mesías, se define a sí mismo como 'amigo del novio-esposo', que viene a desposarse con su pueblo; a él lo anuncia y se alegra plenamente de que Jesús posea a su esposa la Iglesia (Jn.3, 27-30)
El Obispo hace presente a Cristo Esposo, y su ministerio está al servicio del desposorio virginal de la Iglesia con su Señor. Pero, a su vez, no es el esposo, sino el que lo sirve con amor, el amigo del novio, que se alegra de que se realice y viva el misterio nupcial del Esposo y la Esposa.