Alberto Sanguinetti Montero

Obispo de Canelones

Queridos hermanos y hermanas:

            La Iglesia nos invita a vivir la Santa Cuaresma. “Es un «tiempo de gracia» (2 Co 6,2). Dios no nos pide nada que no nos haya dado antes: «Nosotros amemos a Dios porque él nos amó primero» (1 Jn 4,19). Él no es indiferente a nosotros. Está interesado en cada uno de nosotros, nos conoce por nuestro nombre, nos cuida y nos busca cuando lo dejamos” (Papa Francisco, Mensaje para la Cuaresma 2015).

         1. En primer lugar la Cuaresma es un tiempo para dejarnos alcanzar por Dios, para atender su búsqueda amorosa, para valorar el amor de Dios y su plan misericordioso para con cada uno de nosotros.

         La Cuaresma es tiempo para volver al Padre. Si nos  dejamos alcanzar por su amor, si reconocemos agradecidos su misericordia, dejémonos querer, dejémonos perdonar. Valoremos por encima de todo el abrazo del Padre, su llamado a recibir la vida y la santidad que él me ofrece en Cristo crucificado por nosotros.

¿Quiero atender al Padre que me ama, me llama, me buscar y volverme hacia él y dejarme amar, guiar y transformar por su amor y su sabiduría?

         2. Esa iniciativa del amor del Padre en Cristo, que nos amó hasta el fin, entregándose en la cruz, si nos dejamos querer, si atendemos a su bondad, provoca la conversión por gracia del Espíritu Santo.

La Cuaresma es un llamado a la conversión del corazón y la mente. “Dios es luz y en él no hay tiniebla alguna” (1 Jn. 1,5). Tenemos que volvernos a Cristo que es toda luz, en su cruz, en su resurrección y en sus palabras. La fe, que es luz, llama a dejarnos iluminar.

El pensamiento dominante es un pensamiento ciego al amor de Dios, a la vida eterna, a la dignidad moral, al sentido de la libertad para la que  fuimos creados y liberados por Cristo. Quiere imponer, e impone, la falta de respeto a la vida humana hasta el aborto, la oposición al orden moral hasta la destrucción de la familia y la esclavización a los apetitos, deseos y fantasías. Un mundo en el que se desconoce al Padre.

Estamos llamados a reconocer la grandeza del ser humano, creado por el amor  del Padre, la sabiduría de su Hijo y Verbo, sostenido por la  acción del Espíritu Santo. Con claridad de mente, con humildad para dejarnos enseñar por el único Maestro Cristo, con escucha atenta a las enseñanzas de la Iglesia, se nos invita a pensar y vivir según el llamado amoroso del Padre.

¿Quiero, queremos, aceptar a Dios como el creador, el Padre de nuestro Señor Jesucristo que nos introduce en su propia vida? ¿Quiero reconocerme como hijo de Dios, mi Padre, y ordenar mi persona, mis pensamientos y mi vida como su hijo?

3. Reconocer la necesidad de la ayuda de la gracia de Dios: la oración.

            El pensamiento mundano, carnal, quiere hacer todo por sus propios medios. Lo que no puede hacer, principalmente en la lucha contra sus pecados y pasiones, lo declara imposible o natural. No tiene otra meta que lo por sí mismo aspira.

         Reconocer al Padre es también reconocer la necesidad de ser salvado, por la sangre de Cristo y la gracia del Espíritu Santo. Para el hombre por sí mismo es imposible ser hijo de Dios y vivir como hijo de Dios, ‘como Dios manda’.

El Padre por su misericordia entrega a su Hijo único por nosotros pecadores y esclavos y nos da la gracia del Espíritu Santo. Pero en su sabiduría y bondad quiere que lo pidamos, que lo busquemos, que seamos humildes para recibir el don, para sabernos y reconocernos salvados por gracia suya.

Así, la Cuaresma es tiempo de mucha oración humilde pidiéndole la conversión de la mente y del corazón, para pensar con sus pensamientos como Cristo nos los ha revelado; para querer según su voluntad, en obediencia libre y filial al Padre.

La oración de súplica larga, continua, la participación de la oración de la Iglesia en la Liturgia, es parte indispensable del volver a la casa del Padre, de querer reconocernos sus hijos, de dejarnos dar vida abundante.

¿Quiero dedicar tiempo a la oración, aunque sea dejando distracciones, diversiones, cambiando mis horarios, con humildad y fidelidad? ¿quiero escucharla Palabra de Dios, también en lo que incomoda o exige y pedir la gracia de vivirla con humildad, obediencia, en la libertad de los hijos de Dios?

3. La oración con la Iglesia: los sacramentos y la Santa Misa.

Esta conversión, este escuchar al  Padre que nos busca en Cristo, lleva a redescubrir y vivir  más hondamente la Iglesia. Nada hace el Padre sin su Iglesia y en ella nos da vida.

Apreciemos los sacramentos de la Iglesia, que son las acciones supremas del Padre por  Cristo hoy y aquí. Descubrir la grandeza del Bautismo en que, unidos a Cristo muerto y resucitado, recibimos el perdón de los pecados y nacimos como hijos de Dios. Apreciar la dignidad de ser confirmados, sellados, por el Espíritu Santo, para pertenecerle en alma y cuerpo.

La Santísima Eucaristía, la Santa Misa, es el don máximo del Padre, que nos une con Jesús. Dejarnos querer por  el Padre, es dejarnos reunir por Él en su familia, en la  Iglesia, para escuchar su palabra, para orar como pueblo por Cristo nuestra cabeza, para entregarnos a él como ofrenda agradecida.

No menospreciemos el amor del Padre y su sabiduría y su favor, sino que apreciemos sobre todo su don máximo: Cristo mismo y su ofrenda en la Santa Misa, como Él nos lo ordenó: “hagan esto”.

La conversión de los bautizados pasa por la actualización del don del perdón en el sacramento de la Reconciliación,  con la confesión de los pecados y la absolución por parte de la Iglesia. El Padre nos perdona por su Iglesia. Apreciemos este don magnífico. Apartemos toda vanidad y soberbia, y con humildad y confianza en la misericordia del Padre preparémonos bien y acerquémonos a esta fuente de gracia.

En el nombre del Padre los invito a dedicar lo mejor de la Semana Santa a dejarnos reunir y salvar por Él en las celebraciones de la Iglesia. Sobre todo el Domingo de Ramos, y todo el tiempo desde la tarde del Jueves Santo hasta la noche de Pascua.

¿quiero aceptar la obra del Padre por Cristo en los sacramentos? ¿busco a Dios donde él me quiere encontrar y donde quiere perdonarme y santificarme? ¿Cómo buen hijo de Dios me reúno en la familia que él congrega y como él la guía en la Iglesia por Jesucristo? ¿Tengo a la Misa como lo más santo de mi vida? ¿planifico una Semana Santa en y con la Iglesia?

4. El Padre nos invita a ocuparnos de sus hijos, nuestros hermanos.

         Dios nuestro Padre nos hace hermanos. De aquí que la Cuaresma es tiempo en primer lugar de perdonarnos, de reconciliarnos.

         En segundo lugar de atender a las necesidades del prójimo, sea por las obras de misericordia corporales, sea por las obras de misericordia espirituales.

         No deja de formar parte de la pertenencia a Dios nuestro Padre, como bautizados, la participación en la vida de su familia, como verdaderos hijos de la Iglesia.

         En la mirada a las necesidades del prójimo hemos de atender a quien tiene hambre, falta de techo, de vestimenta, de comida. Una particular atención merecen los enfermos y ancianos.

         No debemos de dejar sentir como propias los padecimientos de los cristianos perseguidos en el mundo entero.

         Un lugar principal tiene la misión de anunciar el Evangelio, el amor del Padre, su llamado. En todas partes incluidos los lugares laborales y sociales tenemos que ser testigos del amor del Padre, que incluye la defensa de la verdad que él nos ha revelado.

        

¿quiero vivir como hijo de Dios amando al prójimo según los mandamientos? ¿buscaré cómo atender a las necesidades de mis hermanos tanto corporales  como espirituales? ¿quiero renovar mi misión evangelizadora llevando a todos el anuncio del amor del Padre y la verdad con que él nos ilumina, también defendiendo y explicando la fe católica?

Que la Virgen María, llena de gracia, los bienaventurados apóstoles y todos los santos, nos muestren el camino para creer en el amor del Padre, dejarnos amar y convertir por su gracia, y vivir como sus hijos, siguiendo a Cristo crucificado y resucitado, para que el Padre sea conocido, amado y alabado, y los hombres rescatados y salvados

Oremos los unos por los otros

                                                       

X Alberto, obispo de Canelones

Canelones, Miércoles de Cenizas de 2015.

N.B. Agradecemos la difusión que se pueda hacer de este mensaje.