Alberto Sanguinetti Montero
    Obispo de Canelones


    A los cristianos y a todos los habitantes de Canelones les anuncio, con las palabras de la Sagrada Escritura: El pueblo que habitaba en tinieblas vio brillar una gran luz (Mt.4,16).

     En esta Navidad les deseo a todos un encuentro con Jesús, en el que nos dejemos iluminar por su luz, la luz de la verdad.

     Jesús es la Palabra Eterna de Dios, la luz verdadera, que viniendo a este mundo, ilumina a todo hombre (Jn.1,9). Él nos abre la verdad de Dios y la verdad sobre el hombre. Los seres humanos y el mundo entero tenemos necesidad de la luz de la verdad y del humilde esfuerzo de buscarla y reconocerla, aunque sea de a poco. El mayor cáncer para el hombre, la peor desesperanza es el relativismo que quita valor y sentido objetivo a toda la existencia. La realidad del Niño Jesús en Belén es apoyo y fuente para animarnos al camino de la verdad.
    En medio de las tinieblas con que el pecado cubre a la humanidad, también en este tiempo brilla la luz de Cristo. Su nacimiento es fuente de esperanza: esperanza del perdón de los pecados, de la superación de la muerte, que en todo nos acecha. Es luz que nos anima a sobrellevar el dolor, a creer que esta vida – aún con sus contradicciones – tiene un sentido pleno y es comienzo de la eternidad.
    Las tinieblas del relativismo desvalorizan el ser humano, hasta la violencia de reducir la muerte del no-nacido a una simple ‘prestación de servicios’. La luz del nacimiento de este Niño acostado en un pesebre nos habla del valor único, absoluto, de todo ser humano, digno del amor de Dios y de los hombres, llamado a la vida eterna.
    Frente a la pérdida del sentido del matrimonio y de la familia, hasta el punto de querer tratarlos como un contrato absolutamente manipulable por la voluntad de los hombres, el niño Jesús, cuidado por María y José, nos recuerda el carácter único y sagrado de la familia, fundada sobre el matrimonio, que, además, para los bautizados, es un sacramento de Cristo.
    La luz de Navidad es fuente del mejor humanismo, que incluye la verdad, la fidelidad y el amor que se entrega. Invita a todos a una vida personal, familiar y social, que no se deja llevar por la sinrazón de las modas, de lo que se impone como socialmente correcto, de las tinieblas que oscurecen la mente y el corazón.
    La luz de Jesucristo es una invitación al coraje de elegir la verdad, y buscar vivir según ella, incluso en los espacios públicos de la política, la comunicación y el razonamiento.
    Como nos recuerda el Papa Benedicto, “forma parte del ser cristiano el salir del ámbito de lo que todos piensan y quieren, de los criterios dominantes, para entrar en la luz de la verdad sobre nuestro ser y, con esta luz, alcanzar el camino justo” (cf. La infancia de Jesús).
    En este Año de la Fe, a los católicos los exhorto a esforzarse por conocer y vivir toda la verdad de Jesús, como nos la enseña la Santa Madre Iglesia, según la recibió de los apóstoles.
    En especial los invito a reconocer la relación que hay entre el Dios que toma carne de María y la Santa Misa, la máxima realidad de Cristo en este mundo. En ella se da lo que cantamos con fe: “es el Dios que da la vida y nació en un portal, de la Virgen concebida sin pecado original”.
    Que cada uno sea bañado por la luz que brota del Niño en el pesebre y, conmovido por él, sonría a la esperanza de una vida más verdadera, justa, honrada y religiosa.

    X Alberto, Obispo de Canelones