pastoragua

 

 Sea alabado y bendito Jesucristo. R../. sea por siempre bendito y alabado.

 El que por nosotros se hizo hombre. Él que murió para rescatar a la humanidad y en su Pascua conducirla al Padre. Él que está glorificado en los cielos, nos concede realizar lo que él mismo – en la noche de su entrega – nos mandó realizar en su memoria.
 Oh memorial de la Pasión del Señor. Habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo, hasta el fin, hasta la perfección.
 Como lo escuchamos el Domingo pasado en el relato de la Pasión según San Marcos, esta cena, y el sacramento del altar, forman parte de la misma pasión, de la misma entrega de Cristo al Padre, de Cristo por nosotros, de Cristo a su Iglesia: el cuerpo entregado y la sangre derramada en la cruz, ya los entregó Jesús en la cena, por los discípulos y por la multitud.
De modo semejante, ahora, él mismo que en los cielos es el sacerdote eterno y el cordero que se ofrece permanentemente, hace presente su propio sacrificio, nos permite ofrecerlo, nos concede ser perdonados por él, nos da su Espíritu para que también nosotros nos volvamos ofrenda eterna.

I - Antes que nada escuchemos este Evangelio: Cristo murió por ti, déjate perdonar, salvar, transformar por él y su gracia.
Así, en primer lugar, se nos proclama este Evangelio de gracia, de perdón, de amor sin límites, del Padre entregando al Unigénito, del Hijo que se ofrece como víctima de propiciación por nuestros pecados, de la misma caridad que es derramada por el Espíritu Santo que nos ha sido dado.
Se nos proclama para la conversión de nuestra mente, nuestro corazón y nuestra vida: Conviértete y cree en el Evangelio, en el anuncio que Dios mismo hace por su Iglesia: ¡déjate reconciliar por Dios! ¡déjate amar por Dios! Confía sin límites como para abandonarte en sus manos: el que no perdonó a su propio Hijo, ¡cómo no nos dará con él todas las cosas! Olvídate de ti y afirma que toda la realidad, la existencia, está en el amor de Cristo entregado. Esa entrega de amor que está realmente actualizada en la Eucaristía, en la Santa Misa.
Por eso, la misa, sacrificio de Cristo, es el sacramento del amor, es el centro de toda la vida de la fe, es la consistencia de toda el existir de los cristianos.
Pidamos la fe y el amor de todos los santos, para acercarnos a los santos misterios con el corazón renovado, por la comunión con la Iglesia de todos los siglos, de todos los santos, que han bebido la fe y el amor, la razón de vivir y entregarse en el Sacrificio Eucarístico.

II – En esa conversión a Jesús en esta noche santa de su entrega, pidámosle también iniciarnos más, comulgar mejor, con las disposiciones de su corazón. Y tomemos aquellas mismas actitudes básicas, virtudes del Corazón de Jesús, que pedimos imprima en nosotros por su ejemplo, su palabra, su gracia.
Queremos conocerlo a él, la eficacia de su resurrección y la comunión con su muerte, con sus padecimientos. La Palabra y la Eucaristía son el camino, para que esto se realice en nosotros.