Lecturas: Domingo XXVIII durante el año, ciclo C.

Queridas hermanas, queridos hermanos:

De nuevo está aquí la comunidad diocesana de Canelones encontrándose en este lugar tan significativo y tan querido, para celebrar su fiesta diocesana, que estamos culminando con esta Eucaristía.

Como el leproso samaritano que volvió hacia Jesús y se postró ante él glorificando a Dios , nosotros también fijamos nuestra mirada en el Señor, que es quien nos ha convocado. Su Madre y nuestra Madre, Santa María de Guadalupe nos ha traído hasta Él y nos invita a seguir escuchando y poniendo en práctica su Palabra.

A lo largo de la jornada hemos vivido la alegría de encontrarnos y de sentirnos unidos en la fe. La oración del Rosario, la comida compartida, los distintos momentos recreativos, así como las charlas mano a mano o en grupo nos han acercado, nos han confortado, nos han animado.

Interrogantes
Vivimos en un mundo agitado por la guerra y los conflictos así como por cambios culturales que no siempre logramos entender. Desde nuestra fe y desde nuestras comunidades nos hacemos preguntas… “¿Será que hemos errado el camino?”, me decían en una parroquia que visité hace poco. Otros dicen: “Mucha gente no ha vuelto después de la pandemia, no sabemos cómo acercar a los jóvenes…” y tantos interrogantes más.

Jóvenes, adolescentes y mayores
Jóvenes: es verdad, hay pocos jóvenes en nuestras parroquias… hay pocos jóvenes aquí mismo, pero también hay pocos jóvenes en el Uruguay. Muchas zonas de nuestro departamento presentan una población envejecida. Sin embargo, aunque no sean muchos, sí tenemos aquí la presencia significativa de niños y niñas, adolescentes y jóvenes. Jóvenes de varias parroquias de nuestra diócesis y lograron vivir el primer domingo de septiembre la celebración diocesana de la Jornada Nacional de la Juventud. Un signo de alegría y esperanza.

Otro signo nos lo van a dar los adolescentes de la PAC, Pastoral de Adolescentes Canaria. Se van a encontrar el primer sábado de noviembre en Juanicó.

Si cada persona que viene a este mundo tiene un valor único e infinito, cada niño, cada adolescente y cada joven en nuestras comunidades es un tesoro que tenemos que saber apreciar, valorar y cuidar, sin olvidar el otro tesoro, el de los mayores de nuestras comunidades, testigos de toda una vida de fidelidad y entrega. Así como Dios llamó a Isaías desde el vientre de su madre , al profeta Samuel en su niñez , también llamó Dios a Abraham y Sara , a Isabel y Zacarías a ponerse en camino en una etapa de la vida en la que, como diría el paisano “ya no estamos pa’ esos trotes”. Pero ellos sí, aunque no salieron al galope sintieron como Dios “fortalece las rodillas vacilantes” y se pusieron en camino.

En camino con todo el Pueblo de Dios
Ponernos en camino… o seguir caminando. El Papa Francisco ha convocado a la Iglesia en todo el mundo a tomar conciencia de nuestro caminar juntos. El año pasado, por esta misma fecha, tuvimos un encuentro diocesano comenzando esa etapa de sínodo.

“Sínodo” y “sinodalidad” -a veces nos cuesta decir esa palabra- aparecieron en nuestro lenguaje… “Sínodo”, ya lo hemos explicado muchas veces, significa “caminar juntos”. Pero no es algo que empezamos a hacer ahora. Eso es lo que ha hecho el Pueblo de Dios a lo largo de los siglos. El Éxodo del Pueblo de Israel, saliendo de la esclavitud en Egipto hacia la Tierra Prometida es como el modelo, el paradigma de ese caminar juntos. En su itinerario aparecen las tentaciones , aparecen las dificultades y aparece la presencia de Dios acompañando a su Pueblo, guiándolo y aun corrigiéndolo .

Caminar juntos en un grupo grande, en una comunidad hace necesario acompasar el paso a la velocidad de los que caminan más lentamente: de otro modo, los dejaríamos atrás y los perderíamos. Por otra parte, hay algunos que quieren ir adelante, adelantarse para explorar caminos nuevos. Y está bien. No hay que impedírselo; hay que alentarlos a hacer eso, pero pedirles que no se vayan tan lejos que también los perdamos. Que no pierdan de vista al grupo que va a la velocidad de los que caminan más lentamente.

Comunión y comunicación
“Tenemos que saber más lo que hacemos unos y otros”, decía el otro día una señora en un consejo parroquial. Esa comunión entre los distintos grupos, servicios, movimientos, entre los hermanos y hermanas que hay en una comunidad hace a la comunión, es parte de ese caminar juntos, y nos ayuda a ayudarnos unos a otros a llevar nuestras cargas.

Pero esa comunicación la necesitamos entre todas las comunidades de nuestra diócesis. Tenemos que saber más lo que hacemos unos y otros. Y no solo lo que hacemos: lo que vivimos, lo que sentimos, la forma en que experimentamos el paso de Dios en nuestra vida. Unidos espiritualmente en la misma fe, participando de los mismos sacramentos, necesitamos también, muy humanamente conocernos, llamarnos por nuestros nombres, ir queriéndonos un poco más cada día, rezar los unos por los otros, apoyarnos… todo eso es parte del caminar juntos.

La escucha
Otro aspecto del espíritu sinodal que se ha marcado mucho es la escucha. Una gran necesidad de nuestro tiempo.

Por supuesto, escucharnos unos a otros los que participamos en la vida de la Iglesia, en las comunidades; pero también escuchar a la gente de nuestros pueblos y ciudades, a todos aquellos que parecen indiferentes a Dios, a la Iglesia, a los sacramentos… pero ¿qué es lo que buscan? ¿qué tienen en su corazón? ¿cuáles son sus anhelos más profundos?

Necesitamos los oídos y la mirada de Dios; necesitamos conocer el valor que tiene para Él cada una de sus criaturas, aún aquellas “que no saben distinguir su derecha de su izquierda” , como le dijo Dios al profeta Jonás.

Fue después de escuchar a la mujer samaritana que Jesús llega a ofrecerle el don del Espíritu:

«Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice: «Dame de beber», tú misma se lo hubieras pedido, y él te habría dado agua viva» .
Porque en Jesús está la respuesta a nuestros grandes interrogantes.

Mirándonos en Él encontramos la verdad sobre el ser humano, la verdad sobre nosotros mismos.

Acuérdate de Jesucristo
“Acuérdate de Jesucristo resucitado de entre los muertos” .

Ahí está la verdad que le recuerda san Pablo a Timoteo. Acuérdate de Jesucristo, nos dice a cada uno de nosotros hoy.

“La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús”

dice el Papa Francisco en el comienzo de Evangelii Gaudium y agrega más adelante:

“Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso.”

Ya antes había dicho Benedicto XVI:

“No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, -“acuérdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos”- con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva.”

¡Cuántos dones de Dios quisiéramos poder compartir con toda la gente de nuestro pueblo!

El valor absoluto de cada vida, desde su concepción hasta su fin natural; la belleza de familia donde es posible comunicar la vida; la alegría de vivir en comunidad; la fraternidad; el servicio, especialmente al hermano pobre y necesitado, con el que se identifica el mismo Jesús:

“tuve hambre y me diste de comer” .

La persona de Jesucristo está en el centro de nuestra fe. Todo se ordena y se organiza alrededor de él. Él hace presente el Reino de Dios. En Él toma sentido nuestra vida.

De eso estamos llamados a dar testimonio. Anunciar el Evangelio es proponer a Jesucristo, invitar al encuentro con Él.

Volvamos a las palabras de San Pablo, que nos invitan a renovar nuestra confianza en el Señor:

“Si hemos muerto con Él, viviremos con Él.
Si somos constantes, reinaremos con Él.”

Y nos advierte Pablo:

“Si renegamos de Él, Él también renegará de nosotros.”

Pero nos dice todavía:

Si somos infieles, Él es fiel,
porque no puede renegar de sí mismo.”

“Él es fiel” y apoyándonos en su fidelidad es que podemos, cada día, levantarnos de nuestras caídas: “levántate y vete, tu fe te ha salvado” .

Renovando nuestra fe en el Señor, alegrándonos con su presencia y perseverando en medio de las dificultades, esperamos de Él oír, cada día y un día final las palabras maravillosas que dijo a sus discípulos:

“ustedes son los que han perseverado conmigo en mis pruebas” .

Él es fiel, el sostiene nuestra fidelidad.

Pueblo de Dios que peregrina en Canelones, caminemos juntos, caminemos con el Señor, caminemos en Él. Así sea.

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