El bautista se los presentó como “el Cordero de Dios”. Sus discípulos lo reconocieron como “el Mesías”, es decir, el Ungido, el Cristo: el salvador prometido por Dios a Israel.
Para muchos, el Mesías iba a ser el gran caudillo que condujera a Israel a vencer a sus enemigos. No era esa la forma en que Jesús entendía su misión. El sería el Mesías sufriente: “el cordero de Dios que quita el pecado del mundo” a través de su sacrificio, a través de su entrega de amor en la cruz.
Mi reflexión sobre las lecturas de este II domingo durante el año, ciclo B, 14 de enero de 2024.
Bendiciones.
+ Heriberto, Obispo emérito de Canelones, Uruguay.

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