Jesús se transfigura ante tres de sus discípulos. Aquellos que habían quedado confundidos por el anuncio de su muerte, pueden ahora contemplarlo glorioso, en un anticipo de su resurrección.
Pero la transfiguración de Jesús no sólo anuncia su resurrección, sino la nuestra. Seremos transfigurados a su propia imagen. Más aún, comenzamos a experimentar esa transformación en nuestra propia vida, al crecer en nuestra unión con Jesús. Nuestra conversión es un proceso de transfiguración interior que nos prepara para participar un día de la vida de Dios.
Mi reflexión sobre el evangelio de este Segundo Domingo de Cuaresma, ciclo B, 25 de febrero de 2024.
Y además: Catequistas de Canelones profundizan su conocimiento de la propuesta diocesana.
Bendiciones.
+ Heriberto, Obispo de Canelones, Uruguay

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