REFLEXIONES DEL OBISPO DE CANELONES SOBRE LAS CELEBRACONES EUCARÍSTICAS EN LA SOLEMNIDAD DE LA NAVIDAD Y EL TIEMPO DE NAVIDAD.

Algunas novedades con respecto a la celebración de la Santa Misa en estos tiempos han sido dadas a conocer por pequeños trinos o escuetos comunicados. Siendo un asunto tan primordial, como Pastor de la Iglesia que peregrina en Canelones, veo la necesidad de presentar unas reflexiones más amplias y matizadas, que ilumine la mente y la conducta de los fieles.

1. Antes que nada con todos los ciudadanos y como Iglesia agradecemos los esfuerzos llevados a cabo por las autoridades, así como por funcionarios de la salud y de otras instituciones. Valoramos y destacamos los esfuerzos de grupos y también individuales para ayudar, acompañar en las difíciles circunstancias que atravesamos.

La Iglesia, tanto por sus ministros, como los fieles, en muchísimas formas ha prestado su colaboración, que hace brillar la caridad que Jesús trajo a este mundo. Sobre todo hemos mantenido nuestro servicio específico: la oración, la atención espiritual a los fieles, el acompañamiento de enfermos y familias con fallecidos. Especialmente la Iglesia – sacerdotes, diáconos y fieles – hemos mantenido y proclamado la fe en el Salvador, hemos orado y particularmente hemos ofrecido el Santo Sacrificio de la Misa, por vivos y por difuntos, implorando la ayuda de Dios para todos. Con respecto a las condiciones sanitarias hemos extremado los cuidados y cumplido los protocolos.

En primer lugar hemos suspendido gran parte de las actividades, aún importantes, para evitar ocasiones de contacto. Ciertamente no hemos dejado de celebrar los sacramentos – sí reduciendo los números de presentes – y no hemos dejado el ser de la Iglesia Católica que es el ofrecimiento de la Santa Misa. Hemos sido tan cuidadosos, que con la ayuda de Dios, en las decenas de miles de bautismos, misas, confesiones, confirmaciones, que se han celebrado en nuestra Diócesis y en todo el Uruguay desde que comenzó la pandemia, no se ha comprobado ningún contagio.No creemos que sea imposible que ocurra, pero los datos de la realidad deben ser reconocidos.

2. Ante las posibles limitaciones a la celebración de la Santa Misa, creemos necesario hacer algunas consideraciones previas. a. La celebración del culto divino, tanto personalmente como en comunidad, es un derecho natural que está incluido en el derecho de libertad religiosa. Es anterior al Estado y lo reconoce nuestra Constitución entre otros en el artículo

5. Por eso también el impedimento de un acto de culto está penado en el Código Penal, art. 304. b. Los actos de culto no se incluyen en los “espectáculos públicos”, precisamente porque no son espectáculos, sino tienen la especificidad de ser actos amparados por la libertad de religión, de culto y de conciencia. Por eso, reconocemos la rectitud del Poder Ejecutivo al no haber incluido esos actos en la prohibición de “espectáculos públicos”.

c. Los actos de culto, al menos los propios de la Iglesia Católica no se incluyen en las “aglomeraciones”, según fueron descritas en la reciente ley, porque en ellas se respetan las medidas de distanciamiento social sanitario, y se utilizan los elementos de protección personal adecuados. d. Las autoridades han comprendido bien que para prohibir los actos de culto, y en concreto la celebración de la Santa Misa, se requiere una ley. Por eso, sabiamente no lo han decretado, porque no sería legítimo. Se buscó que las mismas autoridades religiosas limitaran las celebraciones.

3. Ante las comunicaciones, por otra parte apenas oficiosas, tratándose de asunto de tanta gravedad, cabe hacer algunas puntualizaciones. a. Comprendemos plenamente la preocupación de las autoridades en este momento de agravamiento de la pandemia y ponemos todo nuestro esfuerzo en colaborar. b. No es verdad lo de dicen algunos titulares: que el gobierno suspendió o prohibió la celebración de la Misa, o la asistencia a ella, simplemente porque no puede hacerlo. c. Sí el gobierno pidió con mucha presión que no se celebraran misas con fieles presentes.

d. Por otra parte, hasta donde yo sé, no hubo acuerdo. Hay acuerdo cuando las partes obran en conformidad y armonía. Simplemente las autoridades se mantuvieron en su pedido exigente y no hicieron lugar a las razones y pedidos de los católicos.

e. Por eso el comunicado emitido por la CEU manifiesta la aceptación del pedido del gobierno, no el acatamiento a una norma inexistente. Por otra parte ese comunicado es general, no se aplica a todas las situaciones y es de carácter indicativo pero no imperativo, porque no tiene competencia para ello. Como Pastor de la Iglesia de Canelones, junto con los sacerdotes y toda la comunidad católica, manifiesto mi total voluntad de colaborar con el gobierno en el enfrentamiento de esta dura etapa de la pandemia. Asimismo lo vivimos en comunión con los demás obispos y diócesis del Uruguay, atendiendo a nuestra realidad particular. Al mismo tiempo presento las siguientes reflexiones e indicaciones. En primer lugar me hago eco de los sentimientos y pensamientos de muchos de los sacerdotes y fieles. Hay una gran extrañeza, dolor, desagrado, los fieles católicos se sienten desprotegidos en su libertad y avasallados

. Las autoridades permiten tantas actividades, con gente (restoranes, gimnasios, centros comerciales), y se habilitan espacios libres para mucha gente, frecuentemente cercana (ferias, espacios peatonales) Y al mismo tiempo se presiona con la negación del derecho de participar en la misa a los ciudadanos católicos, donde sí se cumplen todas las normas sanitarias y es por un tiempo acotado. Peor aún esto en una de sus fiestas mayores: la Navidad. No será la intención, pero lo que aparece es que valen los motivos económicos, los de salud mental y física, pero se desconoce públicamente el derecho de libertad de religión y culto y el valor que tiene la fe y el culto, en este caso, para los fieles católicos.

También la Misa es sanadora y da esperanza. Muchos ciudadanos católicos se sienten violentados en el ejercicio de la libertad de culto, según la fe católica. Queda la Navidad familiar, restringida, en la que el contacto es muy grande. Queda la Navidad comercial. Sin embargo, se presiona para restringir la Navidad Católica, cuyo centro real es la presencia de Cristo en la Eucaristía y la mayor celebración es la Sagrada Comunión. Junto con los sacerdotes y diáconos, acompañados de religiosos y religiosas, exhorto a los fieles, como lo están haciendo, a colaborar al máximo en los cuidados sanitarios, aun dentro de la familia, que es uno de los sitios de mayores contagios.

Los aliento y animo a que se dispongan y se entreguen al don de la Navidad en sus distintas dimensiones, empezando por la renovación de la caridad, con los cercanos, con los necesitados de distinta índole. Por cierto, el centro de la Navidad es Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, nuestro Salvador y Señor. Por ello, personalmente, en familia, por diversos medios, dediquen tiempo al encuentro con Jesús y a la renovación de la fe, la esperanza y la caridad. En Navidad el Espíritu Santo obra como el viento. Siempre el centro de la Navidad católica es la Santa Misa. Nuestra fe es asentimiento al Cristo real. El que se encarnó y nació de Santa María Virgen. El que se hace presente real y substancialmente en la Eucaristía y se nos da como alimento de vida eterna. Renovemos nuestra fe en que la verdad de la Navidad está unida a la verdad de la presencia de Cristo en la Misa.

Como sucesor de los Apóstoles y enviado de Jesucristo proclamo a los fieles y ante el mundo que el culto a Dios vivo, para nosotros centrado según el mandato de Jesús en la celebración de la Santa Misa, es un derecho que viene de Dios, es derecho de la Iglesia entera y es un deber para con Dios. No puede ser suprimido. También, como lo sabemos, pero para comprensión de los de afuera, recordamos que la Misa no es una acción de los clérigos, de los sacerdotes, en la que están presentes algunos laicos, menos un show para seguir por televisión. La Misa es la acción de la Iglesia entera unida a Jesucristo.

Los bautizados que están en comunión con la Iglesia Católica tienen como su mayor dignidad y derecho, y también como obligación, ofrecer el Santo Sacrificio de la Misa, por la salvación de vivos y difuntos. La Misa es el sacrificio de acción de gracias real por el don supremo del Padre, que es su Hijo. Por eso la acción de gracias a Dios en la Navidad tiene su centro en la Eucaristía. En concreto durante este tiempo, queriendo colaborar y a su vez manteniendo el derecho de los fieles y de la Iglesia:

1) Las iglesias estarán abiertas, en lo posible, en horarios amplios, para la oración, las confesiones, recibir la Sagrada Comunión, la visita al Pesebre. Las iglesias son de los fieles, dentro del orden necesario. Se ruega abstenerse de tocar las imágenes y en todo momento se deben cumplir las demás medidas sanitarias.

2) Las celebraciones de la Misa se harán en los tiempos establecidos, con los protocolos vigentes, sin convocar para ninguna celebración extraordinaria o multitudinaria. Algunas de ellas se trasmitirán por medios electrónicos, para, en el momento, en vivo, unirse a la oración. No se le impide a ningún fiel el permanecer en la iglesia durante la celebración, siempre que se cumplan las medidas sanitarias.

Que el Señor que sabe sacar del mal el bien, y que hace que todas las cosas contribuyan al bien de los que lo aman (rom.8), y con la compañía de María y de José haga que esta Navidad esté llena de gracia de Cristo y sea una bendición para todos.

+ Alberto, Obispo de Canelones Canelones, 22 de diciembre de 2020

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