Segundo Domingo de Adviento. Introito 

  1. Este introito es un anuncio profético (Is. 30,19.30), por lo tanto la participación actuosa de los fieles es de escucha, dejando que obre la voz del Espíritu Santo. La iniciativa la tiene la Palabra de Dios.
  2. Está dirigido no al fiel singular, sino al pueblo de Dios: Pueblo de Sión (=Jerusalén). La música destaca este vocativo, el llamado de atención, como para que la comunidad se sienta llamada a recibir el anuncio.
  3. Y se le anuncia la venida y la acción. a) El Señor (=Dios), vendrá. b) Para salvar a las naciones. Nótese el sentido universal de este anuncio al Pueblo de Sión: la salvación es para todas las naciones.
  4. La presencia será por su palabra, su voz llena de majestad. Es decir, con el señorío propio de quien puede salvar (de Jesús decían: habla como quien tiene autoridad, Mc 1,22). Es una palabra que salva del caos, y ordena en la paz.
  5. El efecto de esa presencia-palabra, que salva, es la alegría.
  6. Versículo. S. 79. Es la súplica del pueblo, rebaño del Señor, a su Dios y pastor. 

En todo el propio se presenta el lugar de la manifestación del Señor: Sion, Jerusalén (= Iglesia) y el don de la alegría. Aparece en el gradual (s. 49,2.3), en el versículo del aleluia (S 121,1) y en la communio (Bar 5,5:; 4,36: Levántate, Jerusalén, sube a la altura, y ve la alegría que te viene de Dios).

Esa alegría esperanzadora o esperanza que produce alegría en la Santa Iglesia lugar del Adventus, la visita, presencia del Señor.

 

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