En nuestro tiempo, cuando se va a sembrar, lo primero es preparar la tierra y luego esparcir la semilla. En tiempos de Jesús, por el contrario, primero se esparcía la semilla y después se araba.
La parábola del sembrador nos da a entender que no se hizo ni preparación previa, ni arada posterior.
El sembrador se limitó a sembrar, con gran generosidad, sin dejar de lado terrenos que aparecían inhóspitos...
La semilla, dice Jesús, es "la Palabra del Reino". Los distintos tipos de terrenos sobre los que cae, son las actitudes de cada uno, a veces disputándose el espacio del corazón.
La generosidad del Sembrador nos invita a hacernos tierra buena.
Mi reflexión sobre el evangelio de este domingo 16 de julio de 2023, XV durante el año, ciclo A.
Bendiciones,
+ Heriberto, Obispo de Canelones, Uruguay.
