Mensajes
MENSAJE DE PASCUA Mons. Alberto Sanguinetti Montero Abril de 2021
¡Cristo resucitó! ¡En verdad resucitó!
Dejémonos amar por Dios y amemos a Dios sin medida
Queridos hermanos de la Iglesia de Dios que peregrina en Canelones, queridos conciudadanos de este hermoso departamento.
La certeza de la resurrección de Nuestro Señor Jesucristo es el fundamento de toda la fe de la Iglesia. Como la inmensa mayoría de nuestros conocimientos, incluso los científicos, nuestra fe se funda en un testimonio. [Hoy, por ejemplo, se nos pide creer el testimonio de los científicos, de los politólogos, de los
que opinan y seguirlos]. En el caso de la fe en Cristo, ésta se funda sobre el testimonio fidedigno de los apóstoles, trabado con todos los datos de la historia y, sobre todo, con la realidad única de Jesús, con su coherencia de sabiduría y amor, humildad y majestad. Él es el testigo fiel y con su testimonio humano-divino fundamenta nuestro acceso al Padre. De él da testimonio el Padre que lo resucitó de entre los muertos y el Espíritu Santo en la Santa Iglesia.
¡Cristo resucitó! ¡En verdad resucitó!
Al resucitar y ser glorificado, Jesús ilumina lo que él ya había anunciado, es decir, que fue voluntariamente a su pasión, según el designio de Dios: por nuestra causa fue crucificado, padeció y fue sepultado. Su cruz es ofrenda salvadora, gloria del amor de Dios, pasaje de este mundo a la gloria del Padre.
Yo quiero invitarlos a mirar al que traspasamos (Za 12,10; Jn 19,17; Ap 1,7) a mirar al amor de Dios, que es el origen, el sentido y el fin de toda la existencia: el amor que Dios nos tiene. Y, a su vez, el amor que estamos llamados a tenerle a Dios. La caridad de Dios hasta el fin, el dejarnos amar y el amarlo hasta el fin.
Mirando la cruz de Cristo, contemplando la gloria del resucitado, quiero anunciarles nuevamente la plenitud del amor de Dios. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo Unigénito. Cómo escuchamos en el pregón de la Vigilia Pascual: Dios nuestro, ¡que inestimable la ternura de tu caridad: para rescatar al esclavo entregaste al Hijo!
Por eso los invito a creer, dejándose amar por Dios sin límites. El acto de fe del cristiano, movido por la gracia del Espíritu Santo, es el reconocimiento del amor de Dios, como fuente de toda la existencia, y el abandono en él.
Déjense amar por Dios, para dejarse perdonar por Él.
Déjense reconciliar con Dios, para vivir en comunión con Él.
Dejen que Dios los haga sus hijos por la fe y el bautismo y reconozcan la dignidad de bautizados y confirmados, llamados al banquete del sacrificio de Cristo en la Misa.
Dejen que el Padre les dé la plena vida de hijos de Dios.
El amor de Dios no es un mero sentimiento vacío. No es que Dios nos quiera para colmar nuestros apetitos y deseos del momento. No. El amor de Dios es verdadero, porque lo realiza en la entrega de sí mismo. El amor de Dios es en la verdad porque su amor produce todo bien. El amor de Dios es verdadero, porque nos lleva a nosotros a la verdad y al bien.
Por eso, dejarse querer con Jesús es reconocer a Dios, su Padre, como origen de toda verdad y toda bondad. Creer en el amor de Dios entregado en Cristo, es dejarse amar, cambiando el centro del corazón y la vida: vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó por mí (Gal 2,20).
Toda la existencia es don generoso del Padre, por su Hijo, que es su sabiduría y su Verbo, en la acción del Espíritu Santo. La Santísima Trinidad que existe desde siempre es el origen de todo lo existe, creado libremente.
Reconozcamos a Dios Padre todopoderoso creador del cielo y de la tierra, y a Jesucristo por quien todo fue hecho, y al Espíritu Santo Señor y dador de vida.
De aquí la gratitud por el don de la creación entera, que nos debe llevar a la alabanza y acción de gracias. También a la obediencia a la verdad bondadosa de Dios, en el uso de la creación y en el respeto por la ley natural, inscrita por Dios.
La gratitud ha de brotar particularmente porque a los seres humanos nos ha creado a su imagen y semejanza, nos da la dignidad de ser semejantes a Él, como seres inteligentes, libres, llamados a la amistad con Dios.
Reconoce, hombre, tu dignidad y ordena tu mente, tu corazón y tus acciones según los mandamientos divinos, según la sabiduría del creador, en todas las dimensiones de tu existir.
Aún las exigencias de la ley moral, de la conducta, incluso cuando cuestan o son difíciles, son muestra del amor de Dios, de la dignidad del hombre a imagen de Dios. Nuestra mayor dignidad, la grandeza de la libertad humana es seguir a Dios con todo el ser. “Antes morir que pecar”. Amar a Dios con todo el corazón, más allá de la propia vida, entregar la vida.
La cultura del mundo, que relativiza todo, incluso el amor de Dios, después absolutiza cualquier cosa: el placer, la voluntad de poder, la propia libertad, poniendo en lugar de la razón y de la verdad, el propio deseo, la propia opinión, lo que quieren las masas, las mayorías.
El amor de Dios en Cristo nos libera de nuestro engaño, de querer justificar nuestro pecado. Dios nos ama cuando nos indica el bien a hacer. Dios nos ama cuando nos ilumina con la verdad, Dios nos ama sin límites cuando nos perdona por la sangre de Cristo. Dios nos ama cuando nos da la gracia del Espíritu Santo para que podamos vencer al Maligno y amar a Dios con todas las fuerzas y al prójimo como a nosotros mismos, abrazando la cruz de Cristo.
En la resurrección de Cristo el amor de Dios junto con el perdón de los pecados, nos hace hijos, herederos de la vida eterna. Dios nos ha creado para que por su gracia y aceptándolo en nuestra libertad podamos participar de su propia vida, de la vida en comunión con el Padre y el Hijo en la gloria del Espíritu Santo. La vida eterna con Dios es la verdad de la vocación humana, el sentido de la vida presente, la fuente de la verdadera esperanza, el sostén de la libertad.
Sin la verdad del hombre en Dios, la muerte, más aún en situaciones de epidemia, se vuelve la única realidad. La salud se convierte en el bien superior. Entonces se espera del hombre la salvación total. Esto es falso y aumenta el dolor y la angustia.
Sin el amor de Dios, sin la verdad de Cristo, sin perdón de los pecados, sin vida eterna, todo carece de sentido absoluto. La desesperanza cunde, la falsa esperanza surge en cualquier lado.
Entonces se propone la inmoralidad como libertad. La muerte de los inocentes, como un derecho. El suicidio de los que sufren como una supuesta solución.
La finalidad de la vida no es la llamada vida digna, una vida agradable, sino la rectitud del amor a Dios y al prójimo y la vida divina, eterna, junto a la Santísima Trinidad.
Los apóstoles y todos los santos a través de los siglos nos dan testimonio de la fe en el amor de Dios, como fundamento de la existencia. Al mismo tiempo nos enseñan a amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas. Es el amor a Dios lo que libera al ser humano de sus mezquindades, de sus ataduras, y lo hace plenamente libre para entregarse a Dios, para amar al prójimo en toda circunstancia y de diversas maneras, hasta el amor mayor de dar la vida.
¡Cristo resucitó! ¡En verdad resucitó!
El pecado ha sido vencido. La muerte ha sido vencida. El temor ha sido vencido. La mentira ha sido vencida.
Les deseo – y por eso rezo– para que el Padre les envíe el Espíritu de la verdad, para que crean en la luz y el amor de Cristo crucificado. Que el Espíritu mueva nuestros corazones hacia Dios para que su verdad nos inunde, para que dejemos que su amor nos atraiga y libere. Para que amando a Dios con todo el corazón y al prójimo por amor suyo, vivamos la libertad verdadera y obtengamos la herencia eterna.
Especialmente me acerco a los enfermos para consolarlos y darles fuerza. A los angustiados para acompañarlos. A los que se sienten débiles en la entrega a los demás, para que sean fortalecidos.
Pido por los que andan sin rumbo, para que sean encaminados. También pido por los que están en el error, los que niegan y persiguen a Jesucristo: a todos llegue la gracia y la luz.
A todo bendigo en el nombre de Jesús y para todos pido su perdón, su gracia, su vida. Él nos da la fe, la esperanza y la caridad.
Santa Pascua para todos, para cada familia
+ Alberto, administrador apostólico de Canelones
MENSAJE DE NAVIDAD 2018
En primer lugar quiero desear a cada uno y a cada familia que en esta Navidad traten de mirar lo bueno y lo bello que hay en su existencia. Atendamos cada realidad hermosa, aunque sea pequeña. Reconozcamos la verdadera belleza y la verdadera alegría y cuidemos la capacidad de alegrarnos con lo verdaderamente bueno.
La creación entera se regocija con la presencia de un Niño que nos ha nacido, un niño que nos ha sido dado. Entonces todos, admiremos y agradezcamos la maravilla de la existencia que recomienza con cada niño, desde que es concebido, que se manifiesta cuando sale del vientre materno, cuando va creciendo. Todo es gracia. Agradeciendo lo bueno nos hacemos más buenos.
Dentro de esta admiración quisiera llamar la atención en el valor de la familia. La Navidad corrobora el plan de Dios maravilloso en que la vida cada ser humano, creado por Dios, es procreado en la unión de varón y mujer y de que el nuevo hombrecillo necesite la familia del padre y de la madre en unión y diferencia recíproca.
La Navidad es un llamado a la humildad y sensatez. Todos los estudios y la observación cotidiana nos dicen que el niño, sea varón sea mujer, necesita de padre y madre para ser engendrado, para el desarrollo de su afectividad, de su mente, de su personalidad.
Todos están de acuerdo que la familia basada en un matrimonio estable y comprometido, es no sólo la base de la sociedad, sino del desarrollo sano de la persona humana.
Entonces una realidad tan obvia pide que, ante la cantidad de problemas que nos rodean, junto con otros auxilios, se haga un gran esfuerzo en educar, formar para que las futuras generaciones pudieran crear matrimonios estables, procrear con generosidad y educar con sabiduría y amor en una complementariedad sana de padre y madre. Capaces de establecer alianzas matrimoniales y familias sanas.
Esa sería la mejor tarea preventiva, educativa. Es claro esto supone educar en una sexualidad madura y responsable, no sólo como una fuente de placer. Educar en deberes conyugales, en fidelidad, en castidad y continencia. Hay que apuntar a ayudar a formar familias más sanas, hombres y mujeres con mayor capacidad de amar, de respetar, de ser fieles, de hacerse responsables de sí, de los demás, de sus hijos. No sin problemas, sino capaces de amar, ser fieles y superarse.
Ayudemos a los niños y jóvenes a descubrir el matrimonio y la familia como una forma maravillosa de vivir, como una vocación de realización plena. Para ello eduquemos a la persona en las virtudes que hacen posible una familia sana.
Una educación es verdadera y buena si educa para llegar a ser maduros y capaces de un matrimonio estable y una familia duradera.
En tercer lugar, los invito a mirar y admirar a este Niño, a Jesús, hijo de María Virgen e Hijo de Dios. Allí se nos da todo el misterio del hombre y todo el misterio de Dios.
¿A qué vino Jesús al mundo? Por un lado Él nos viene a salvar del mal más profundo de nuestras vidas: el pecado. Con humildad estamos llamados a reconocer nuestro pecado, a ser humildes y aceptar que nosotros solos no podemos enderezar nuestras vidas, para así abrirnos al único que puede rescatarnos de nuestra condición de pecadores.
Al mismo tiempo la miramos a Jesús que viene a hacernos hijos de Dios por adopción.
Miremos en la Navidad nuestra vocación más alta: la de hijos de Dios. Estamos llamados a la vida eterna y a ya desde ahora vivir la vida de Dios.
Esta vida nueva que trae Jesús en la Navidad los cristianos creemos que se nos da en el bautismo y la confirmación. Entonces la Navidad es un llamado a valorar y vivir el regalo de la vida de bautizados, hijos de Dios. Vivamos una vida nueva.
Que a todos y a cada uno la Navidad los ilumine, los llame al perdón y la paz, los atraiga a ser mejores, les recuerde el amor de Dios y su llamado a una vida de gracia y santidad.
Los bendigo a todos. Que tengan una feliz y santa Navidad.
Mis amigos: al conversar con ustedes en Navidad, antes que nada, quiero anunciarles lo más evidente –como dicen hoy en día los muchachos: obvio -. Recordamos el nacimiento de Jesús. La Navidad, la Natividad, significa nacimiento, hoy el de Jesús.
• Miremos a este hombre llamado Jesús que se presenta ante nuestros ojos, desde la pequeñez de un recién nacido, recostado en un pesebre, un comedero de animales.
• Antes que nada, Jesús nos proclama el valor único, sin límites, de cada niño, de cada ser humano, en toda su existencia: el valor de la persona humana desde su concepción hasta su muerte, pobre o rico, sano o enfermo, varón o mujer.
Por eso, hoy abrimos nuestro corazón al débil para acogerlo en su dignidad, al poderoso para recordarle que es digno de ser respetado, no por su poder, sino simplemente por ser un ser humano. Más aún, dentro de esa igualdad fundamental, en Belén, se nos manifiesta la predilección de Dios por lo que no aparenta ante el mundo.
• Jesús en su palabra y en su vida, en su muerte y resurrección, nos anuncia el amor sin medida de Dios para con nosotros: el creador que nos ha hecho, el redentor que nos ha salvado, el Padre que nos hace participar de la adopción de hijos.-
Por eso, los invito a dejarse querer, dejarse amar, dejarse perdonar por Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo. Hagamos silencio a tantas ofertas baratas, cerremos los ojos a las chispas de colores y busquemos a Dios porque se le puede encontrar. O, más bien, dejémonos encontrar por Dios, porque Él en el tiempo de Navidad nos invita a la comunión con Él, al diálogo, a recibir su ternura y compasión, y a amarlo y adorarlo con todo el ser.
• Si Jesús nos ofrece el perdón, la paciencia, la bondad de Dios, también nos guía a perdonar, a ser pacientes, a ser buenos los unos con los otros, en primer lugar con el más próximo, siguiendo con el más necesitado, extendiendo el amor hasta el perdón de los propios enemigos.
• Jesús, el que nace entre nosotros, es un ser único. Con una humildad y vaciamiento hasta el fin, al mismo tiempo, se presenta como Hijo eterno de Dios. Misericordioso con el pecador, hasta dar la vida llevando el peso de nuestras culpas, y Él mismo santo, sin pecado, que nos llama a la santidad, para participar de la santidad del Padre. Recibe a los que son rechazados por todos por las conductas públicamente reprobadas y, a su vez, es juez que pone ante nuestros ojos la dignidad del hombre, en una moral exigente, con un llamado a la responsabilidad, con una apelación a la conciencia en su respuesta a Dios. No tiene falsa humildad, para parecer humilde, sino que es el Señor y Dios, que se abaja, se humilla, para levantarnos a nosotros hasta el trono de Dios.
• Mirar a Jesús en Navidad es también recibir su luz en medio de la noche, la noche de tanta miseria, dolor, injusticia, pecado, muerte. Él, viniendo a este mundo, ilumina a todo hombre.
Él es la luz que nos ilumina con la verdad sobre el hombre, que se funda en el plan de Dios, creador y redentor. Esa verdad en parte la podemos descubrir por la razón, como ley natural, es decir la ley de la naturaleza creada por Dios. Esa ley natural debe ser respetada, por todos, en especial por los que tienen distintas formas de poder. Esa ley natural – fundada en la creación – defiende el respeto a la vida del ser humano en toda su existencia; esa ley natural apoya la familia basada en el matrimonio estable de varón y mujer, como el ámbito privilegiado para la procreación y educación de los hijos.
Jesús, verdadero hombre y verdadero Dios, es la luz que nos revela todo el sentido de la existencia, para que no vivamos sólo algunos aspectos, como retazos – aunque sean buenos – sino la totalidad de nuestra vocación humana. Ante las ideologías que luchan por imponerse con un aspecto de la realidad y caen en la negación de toda la verdad, el que nace pequeño en Belén y reina en el cielo se presenta como camino, verdad y vida, que incluye el perdón de los pecados, la conversión a Dios, la santidad, y, sobre todo, la esperanza de vida eterna con Dios, en la comunión de los santos.
Que todos y cada uno, que cada familia, que el Pueblo Oriental entero, en esta Navidad, tenga una la alegría de recibir a Jesús, Hijo de María e Hijo de Dios. Que cada uno sea más bueno, más justo, más recto. Que nos abramos a los demás y tengamos una convivencia justa y buena.
Reciban mi bendición junto con el deseo de una santa y feliz Navidad.
+ Alberto Sanguinetti, obispo de Canelones
CARTA A LOS RELIGIOSOS EN LA CLAUSURA DEL AÑO DE LA VIDA CONSAGRADA
A todos los religiosos y religiosas de la Diócesis: La gracia y el gozo del Espíritu estén con ustedes. Con estas breves líneas quiero acercarme a cada uno de ustedes en esta fiesta de la Presentación del Señor, con la que concluye el año de la vida consagrada. Junto con ustedes quiero dar gracias a Dios nuestro Padre, que por pura bondad y gracia ha querido llamarlos a un seguimiento más cercano y de alguna forma más entrañable por la fuerza del Evangelio de Jesucristo. Cada uno de ustedes, en el seno de la familia religiosa a la que pertenece, es una concreta intervención de Dios en la historia de la salvación, que Él realiza en su pueblo, en su Iglesia. En esa acción de gracias a Dios, incluyo de un modo especial cuanto en ustedes y por ustedes el Señor ha querido realizar en esta Iglesia, que peregrina en Canelones. La vida consagrada y la multitud de gracias, carismas y servicios que el Espíritu inspira es una fuente continua de dones de lo alto para nuestro pueblo. El año de la vida consagrada ha sido en parte rociado por la gracia del año de la misericordia. Así somos conducidos al amor fontal, a la misericordia del Padre, de quien procede toda don, todo llamado y toda la misión de la Iglesia. Cada religioso es un fruto de esa misericordia. La vida de cada uno de ustedes está llevada por la misericordia que contemplamos en Jesús, rostro de la misericordia divina – misericordiae vultus –, por cuyo Corazón, costado traspasado, herida de misericordia – misericordiae vulnus – entramos en los tesoros de gracia y bebemos de las fuentes del Salvador. Que cada uno de ustedes sea renovado por esa misericordia de Dios y la pueda testificar de palabra y obra. De esa herida abierta, brota el caudal del Espíritu Santo que nos hace partícipes de la misericordia divina en las obras de misericordia, esas obras que con la caridad de Cristo ustedes están llamados a realizar según el don de cada uno. Que con Jesús, acompañados de Santa María y San José, renovados en el Espíritu Santo sean presentados ante el Padre, como ofrenda pura, santa, agradable a Él. Oremos los unos por los otros, para que en la unidad de la caridad, en el seno de nuestra Iglesia canaria, vivamos la misericordia de Dios y con ella sirvamos a los hermanos. Con el afecto de siempre Alberto, amicus Sponsi, Obispo de Canelones Canelones, 1º de febrero de 2016.
Mensaje de Cuaresma
Queridos hermanos y hermanas:
La Iglesia nos invita a vivir la Santa Cuaresma. “Es un «tiempo de gracia» (2 Co 6,2). Dios no nos pide nada que no nos haya dado antes: «Nosotros amemos a Dios porque él nos amó primero» (1 Jn 4,19). Él no es indiferente a nosotros. Está interesado en cada uno de nosotros, nos conoce por nuestro nombre, nos cuida y nos busca cuando lo dejamos” (Papa Francisco, Mensaje para la Cuaresma 2015).
1. En primer lugar la Cuaresma es un tiempo para dejarnos alcanzar por Dios, para atender su búsqueda amorosa, para valorar el amor de Dios y su plan misericordioso para con cada uno de nosotros.
La Cuaresma es tiempo para volver al Padre. Si nos dejamos alcanzar por su amor, si reconocemos agradecidos su misericordia, dejémonos querer, dejémonos perdonar. Valoremos por encima de todo el abrazo del Padre, su llamado a recibir la vida y la santidad que él me ofrece en Cristo crucificado por nosotros.
¿Quiero atender al Padre que me ama, me llama, me buscar y volverme hacia él y dejarme amar, guiar y transformar por su amor y su sabiduría?
2. Esa iniciativa del amor del Padre en Cristo, que nos amó hasta el fin, entregándose en la cruz, si nos dejamos querer, si atendemos a su bondad, provoca la conversión por gracia del Espíritu Santo.
La Cuaresma es un llamado a la conversión del corazón y la mente. “Dios es luz y en él no hay tiniebla alguna” (1 Jn. 1,5). Tenemos que volvernos a Cristo que es toda luz, en su cruz, en su resurrección y en sus palabras. La fe, que es luz, llama a dejarnos iluminar.
El pensamiento dominante es un pensamiento ciego al amor de Dios, a la vida eterna, a la dignidad moral, al sentido de la libertad para la que fuimos creados y liberados por Cristo. Quiere imponer, e impone, la falta de respeto a la vida humana hasta el aborto, la oposición al orden moral hasta la destrucción de la familia y la esclavización a los apetitos, deseos y fantasías. Un mundo en el que se desconoce al Padre.
Estamos llamados a reconocer la grandeza del ser humano, creado por el amor del Padre, la sabiduría de su Hijo y Verbo, sostenido por la acción del Espíritu Santo. Con claridad de mente, con humildad para dejarnos enseñar por el único Maestro Cristo, con escucha atenta a las enseñanzas de la Iglesia, se nos invita a pensar y vivir según el llamado amoroso del Padre.
¿Quiero, queremos, aceptar a Dios como el creador, el Padre de nuestro Señor Jesucristo que nos introduce en su propia vida? ¿Quiero reconocerme como hijo de Dios, mi Padre, y ordenar mi persona, mis pensamientos y mi vida como su hijo?
3. Reconocer la necesidad de la ayuda de la gracia de Dios: la oración.
El pensamiento mundano, carnal, quiere hacer todo por sus propios medios. Lo que no puede hacer, principalmente en la lucha contra sus pecados y pasiones, lo declara imposible o natural. No tiene otra meta que lo por sí mismo aspira.
Reconocer al Padre es también reconocer la necesidad de ser salvado, por la sangre de Cristo y la gracia del Espíritu Santo. Para el hombre por sí mismo es imposible ser hijo de Dios y vivir como hijo de Dios, ‘como Dios manda’.
El Padre por su misericordia entrega a su Hijo único por nosotros pecadores y esclavos y nos da la gracia del Espíritu Santo. Pero en su sabiduría y bondad quiere que lo pidamos, que lo busquemos, que seamos humildes para recibir el don, para sabernos y reconocernos salvados por gracia suya.
Así, la Cuaresma es tiempo de mucha oración humilde pidiéndole la conversión de la mente y del corazón, para pensar con sus pensamientos como Cristo nos los ha revelado; para querer según su voluntad, en obediencia libre y filial al Padre.
La oración de súplica larga, continua, la participación de la oración de la Iglesia en la Liturgia, es parte indispensable del volver a la casa del Padre, de querer reconocernos sus hijos, de dejarnos dar vida abundante.
¿Quiero dedicar tiempo a la oración, aunque sea dejando distracciones, diversiones, cambiando mis horarios, con humildad y fidelidad? ¿quiero escucharla Palabra de Dios, también en lo que incomoda o exige y pedir la gracia de vivirla con humildad, obediencia, en la libertad de los hijos de Dios?
3. La oración con la Iglesia: los sacramentos y la Santa Misa.
Esta conversión, este escuchar al Padre que nos busca en Cristo, lleva a redescubrir y vivir más hondamente la Iglesia. Nada hace el Padre sin su Iglesia y en ella nos da vida.
Apreciemos los sacramentos de la Iglesia, que son las acciones supremas del Padre por Cristo hoy y aquí. Descubrir la grandeza del Bautismo en que, unidos a Cristo muerto y resucitado, recibimos el perdón de los pecados y nacimos como hijos de Dios. Apreciar la dignidad de ser confirmados, sellados, por el Espíritu Santo, para pertenecerle en alma y cuerpo.
La Santísima Eucaristía, la Santa Misa, es el don máximo del Padre, que nos une con Jesús. Dejarnos querer por el Padre, es dejarnos reunir por Él en su familia, en la Iglesia, para escuchar su palabra, para orar como pueblo por Cristo nuestra cabeza, para entregarnos a él como ofrenda agradecida.
No menospreciemos el amor del Padre y su sabiduría y su favor, sino que apreciemos sobre todo su don máximo: Cristo mismo y su ofrenda en la Santa Misa, como Él nos lo ordenó: “hagan esto”.
La conversión de los bautizados pasa por la actualización del don del perdón en el sacramento de la Reconciliación, con la confesión de los pecados y la absolución por parte de la Iglesia. El Padre nos perdona por su Iglesia. Apreciemos este don magnífico. Apartemos toda vanidad y soberbia, y con humildad y confianza en la misericordia del Padre preparémonos bien y acerquémonos a esta fuente de gracia.
En el nombre del Padre los invito a dedicar lo mejor de la Semana Santa a dejarnos reunir y salvar por Él en las celebraciones de la Iglesia. Sobre todo el Domingo de Ramos, y todo el tiempo desde la tarde del Jueves Santo hasta la noche de Pascua.
¿quiero aceptar la obra del Padre por Cristo en los sacramentos? ¿busco a Dios donde él me quiere encontrar y donde quiere perdonarme y santificarme? ¿Cómo buen hijo de Dios me reúno en la familia que él congrega y como él la guía en la Iglesia por Jesucristo? ¿Tengo a la Misa como lo más santo de mi vida? ¿planifico una Semana Santa en y con la Iglesia?
4. El Padre nos invita a ocuparnos de sus hijos, nuestros hermanos.
Dios nuestro Padre nos hace hermanos. De aquí que la Cuaresma es tiempo en primer lugar de perdonarnos, de reconciliarnos.
En segundo lugar de atender a las necesidades del prójimo, sea por las obras de misericordia corporales, sea por las obras de misericordia espirituales.
No deja de formar parte de la pertenencia a Dios nuestro Padre, como bautizados, la participación en la vida de su familia, como verdaderos hijos de la Iglesia.
En la mirada a las necesidades del prójimo hemos de atender a quien tiene hambre, falta de techo, de vestimenta, de comida. Una particular atención merecen los enfermos y ancianos.
No debemos de dejar sentir como propias los padecimientos de los cristianos perseguidos en el mundo entero.
Un lugar principal tiene la misión de anunciar el Evangelio, el amor del Padre, su llamado. En todas partes incluidos los lugares laborales y sociales tenemos que ser testigos del amor del Padre, que incluye la defensa de la verdad que él nos ha revelado.
¿quiero vivir como hijo de Dios amando al prójimo según los mandamientos? ¿buscaré cómo atender a las necesidades de mis hermanos tanto corporales como espirituales? ¿quiero renovar mi misión evangelizadora llevando a todos el anuncio del amor del Padre y la verdad con que él nos ilumina, también defendiendo y explicando la fe católica?
Que la Virgen María, llena de gracia, los bienaventurados apóstoles y todos los santos, nos muestren el camino para creer en el amor del Padre, dejarnos amar y convertir por su gracia, y vivir como sus hijos, siguiendo a Cristo crucificado y resucitado, para que el Padre sea conocido, amado y alabado, y los hombres rescatados y salvados
Oremos los unos por los otros
X Alberto, obispo de Canelones
Canelones, Miércoles de Cenizas de 2015.
N.B. Agradecemos la difusión que se pueda hacer de este mensaje.
Ponernos ante la realidad del pecado y la muerte: ¿Quién nos salva? Sólo Dios salva.Mons. Alberto Sanguinetti – Obispo de Canelones
La Semana Santa nos hace presente de un modo más fuerte que Jesús, el Mesías, murió por nuestros pecados y fue resucitado para darnos perdón y vida eterna.
1. En primer lugar es ocasión especial de detenernos un poco, tanto personalmente, como en cuanto a sociedad. Parecería que lo principal gozar y distraernos. Como decían los romanos: pan y circo. La misma Semana Santa se va convirtiendo en pan y circo.
Hay un cartel por ahí que anuncia que el Mundial es lo más importante. ¡Qué tontería! ¡Qué engaño! No lo único necesarios es Dios y cada ser humano ante Dios. Y la Semana Santa es invitación a ese encuentro. Si no, estamos perdiendo nuestra vida.
2. Para ese encuentro es imprescindible mirar la realidad del pecado y la muerte. La sociedad tiene que tener lugar para enfrentarse con el pecado y la muerte. Cada uno tiene que ponerse cara a cara con el pecado y la muerte.
2.1. Por cierto podemos hacerlo mirando dimensiones colectivas: la pobreza, especialmente como pobreza infantil; el ataque sistemático al matrimonio y a la familia; la falta de educación en el sentido pleno de la vida, incluyendo a Dios.
3. Pero importa, e importa mucho, que cada uno deje algo de lado 'el pan y circo' y se enfrente con su pecado y su muerte: sólo así asume plenamente toda su vida. ¿Cuánto reflexiono sobre mis pecados y sobre mi muerte?
4. Ante ello, les anunciamos al Salvador del pecado y de la muerte: sólo con Jesús podemos enfrentar nuestro pecado – sin mentirnos ni justificarnos - , nuestra muerte, sin engañarnos, y tener esperanza verdadera.
4.1 Jesucristo, con su muerte y resurrección: es Él en persona y por sus actos el salvador del mundo.
4.2 Jesucristo con la luz y verdad de su palabra: es su palabra la verdad que nos hace libres, si la recibimos en su totalidad; por eso es necesaria recibirla de la Iglesia que nos da toda la Palabra, sin que elijamos la parte que nos gusta, sino que nos dejemos transformar por ella.
4.3 Jesucristo es el rey salvador, que obra en nosotros por la fuerza del Espíritu Santo, por medio de los sacramentos de la Iglesia: el bautismo y la confirmación; la confesión y la Eucaristía.
Pongamos en su sitio al pan y el circo. Seamos responsables y libres: miremos el pecado y la muerte. Busquemos el perdón, la reconciliación, y la vida eterna.
A todos los hermanos de Canelones:
¡Muy santas y felices Pascuas de Resurrección!
Hoy les quiero desear a todos que Jesús resucitado los renueve en la verdadera esperanza.
Nosotros los seres humanos, nuestras relaciones humanas, las familias, las sociedades y los pueblos nos fundamos en la esperanza, es decir, en la tendencia hacia el bien y en la espera de poder alcanzarlo.
Nosotros somos lo que esperamos y según esperamos. Dime qué esperas, qué anhelas y te diré quién eres. Dime cómo esperas alcanzarlo y te diré cuál dónde está tu verdad y tu fuerza.
Hoy junto con el testimonio de los apóstoles y de todos los cristianos les proclamo con humildad y con certeza: La resurrección de Cristo, el crucificado, y toda su enseñanza, nos ofrece la esperanza plena y verdadera, nos invita a esperar con todo el corazón.
Por un lado, Él nos purifica de las falsas esperanzas, porque a veces buscamos como medio de felicidad lo que no es bueno, lo falso, lo malo. Otras veces tomamos como absoluto un bien relativo, subordinado y, por eso, no aspiramos a la esperanza superior.
La misma vida es un bien, un bien fundamental, pero la esperanza que da sentido a la vida es superior a la vida misma: Cristo murió para cumplir la voluntad de Padre y salvarnos.
Jesús santo y entregado hasta la muerte y resucitado nos llama a la esperanza de ser semejantes a él, a ser sus discípulos, a levantar nuestra mirada a la santidad. Esta esperanza se vuelve vida, actos, seguimiento de Jesús.
También Jesús nos libra de la desesperación que proviene de que no somos capaces de ser mejores, de dejar el pecado, de convertirnos a la verdad y el amor. También el peso de los males colectivos, sociales nos pueden llevar a la desesperanza: ¡con las cosas que pasan no vale la pena esforzarse por la virtud!
Sin embargo, lo que no es posible para nuestra debilidad humana, es posible con la ayuda de Dios. Estamos invitados a poner nuestra confianza en Dios que resucitó a Jesús y puedo transformar nuestra vida ahora y darnos la inmortalidad después.
Por momentos, la mentalidad imperante quiere imponer la duda acerca del bien y del mal. Se nos dice que todos son valores relativos y cambiantes. Esta inseguridad ante el bien moral, este relativismo que se quiere imponer es fuente de una gran desesperación: lleva a pensar que da todo lo mismo. Es también una forma de manipulación: si todo es igual, se puede imponer lo que se quiere.
Sin embargo, Jesús fiel hasta el final nos proclama que hay un bien absoluto y la vida merece ser vivida en fidelidad. Hay esperanza de alcanzar la verdad y de volvernos al bien. Hay que defender la verdad y el bien.
Ante nuestra soledad personal, ante las injusticias recibidas, ante las frustraciones profundas, Jesús muerto y resucitado nos entrega el amor incondicional de Dios por cada uno de nosotros.
Ante la realidad de la muerte, Jesús resucitado nos proclama la vocación última del hombre: la resurrección y la vida eterna en la comunión con el Padre.
Ante la vida humana despreciada por la violencia, destruida como un objeto aún en el seno materno, destrozada por las guerras, Jesús que muere y resucita proclama el valor absoluto de cada vida y ser humano, a quien Dios amó hasta el fin.
Ante los intentos de manipulación del cuerpo humano, ante una corporeidad mostrada sólo como objeto, o mera fuente de placer, Jesús torturado proclama la dignidad del cuerpo humano.
Ante el peso de nuestras culpas y pecados, aún cuando los ocultemos, Jesús nos ofrece el perdón, la conversión y la vuelta a la semejanza con Dios.
Ante la pobre esperanza de una vida cerrada en el placer y destinada al aniquilamiento, Jesús resucitado es testigo de la resurrección y la vida del mundo futuro, fuente de toda esperanza.
En muchos ámbitos ante diferentes problemáticas, se habla de la necesidad de educación. Pero, por ejemplo, frente a las consecuencias de los embarazos de adolescentes, sólo se piensa en prevenir la concepción o en destruir la vida. Sin embargo, no se anuncia la esperanza de la castidad, de un dominio de sí mismo, de una orientación de la sexualidad hacia la donación personal, hacia la fidelidad, la alianza estable.
Jesús nos enseña que hay esperanza en la juventud que puede ser más persona, asumir más plenamente sus capacidades de amor y de entrega, incluyendo la libertad para dominarse y entregarse oportunamente.
Ante la imposición de las ideologías por los poderes mundanos, Jesús nos libera por la gracia de la fe en Dios que nos ama y nos salva. Dios es Padre y nos quiere engendrar como hijos suyos en Jesús.
Cuando se nos invita a buscar el bien de todos, a preocuparnos por los otros, a entregar nuestra vida por amor al prójimo, Cristo muerto y resucitado, nos da la esperanza cierta de que es ése el sentido de la libertad: amar y darnos.
Cuando escuchamos que Jesús nos ama y nos llama a dejarlo obrar en nuestras vidas y ser sus discípulos ayudados por la oración y la gracia de Dios, nos levantamos a la esperanza de la vida eterna.
Los saludos y bendigo a todos y los invito a mirar a Jesús, muerto, resucitado y glorificado en los cielos, para apoyar en él la esperanza firme y orientar la propia vida, el corazón, según esa esperanza.
Felices y Santas Pascuas de Resurrección.
Nota: el Domingo 27 de abril, durante su visita pastoral, el Mons. Alberto Sanguinetti celebrará la Santa Misa a las 10.00 en la Parroquia San Antonio María Claret de Progreso, uniéndose a la canonización de los Santos Juan XXIII y Juan Pablo II.
El primero decretó la coronación pontificia de la Virgen de los Treinta y Tres (1961) y la declaró Patrona del Uruguay (1962). El segundo visitó dos veces nuestra patria (1987,1988) y bendijo la imagen de la Virgen de Guadalupe sobre la ruta 5, en Villa Guadalupe (Canelones).
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La Cuaresma es un tiempo especial en que se derrama en toda la Iglesia la gracia que Cristo nos ha obtenido por su sangre en la Cruz, que se ha vuelto triunfante en su resurrección.
La novedad absoluta para la historia de los hombres y para cada uno de nosotros es que el Hijo de Dios se encarnó de María Virgen, que murió ofreciéndose en sacrificio de perdón, reconciliación y alabanza al Padre, y que resucitó glorioso – habiendo vencido el pecado y la muerte – y está vivo y reina junto al Padre, derramando el Espíritu Santo.
Todo ello no es el pasado, sino que es la mayor realidad del presente: sólo el reinado de Cristo rescata la vida, nos santifica, nos hace hijos de Dios, nos hace comenzar ya desde ahora la vida eterna.
La fe que profesamos en el Credo expresa esa realidad, el bautismo en que fuimos sumergidos y unidos a Cristo muerto y resucitado es el comienzo y fundamento de toda la realidad nueva de la vida cristiana. La confirmación nos da la plenitud del don pascual: la unción del Espíritu Santo. La santa Misa, la Eucaristía es la presencia en el seno de la Iglesia de Cristo, que está a la derecha del Padre, nos ilumina con la luz de la verdad en su Palabra, y el ofrece por los sacerdotes su sacrificio de salvación y alabanza, y todo el Pueblo de Dios vive que es salvado por la sangre derramada para el perdón de los pecados, que estamos resucitados en vida nueva, y por eso nos ofrecemos todo lo que somos y hacernos en un único sacrificio del Cristo total, Jesús y su Iglesia.
Hemos invitado a rezar en las Misas el Credo Niceno-C, porque desarrolla más el misterio total de Cristo; por otra parte es el credo propio de la Misa, desde que se introdujo el credo en la Eucaristía.
El tiempo de Cuaresma es de gracia para volver a escuchar el anuncio del Evangelio y creer en él: adherirnos a él, elegir amar a Dios con todo el corazón, no anteponer nada al amor de Jesús y todo someterlo a su llamado.
De aquí el camino de conversión cuaresmal
Como instrumentos que pueden ayudar a adentrarnos en la Cuaresma recomiendo la pastoral Volvámonos a Cristo y a su Iglesia, (en esta página pinchar obispo, luego cartas pastorales). También son un instrumento las homilías de la cuaresma del año 2012 (se pueden encontrar en obispo, homilías en esta página).
La conversión cristiana es una conversión moral, de la conducta, pero antes que nada es una conversión a la fe y desde la fe en Cristo: el encuentro de Cristo, el conocimiento de él y de toda la realidad –creación, vida y muerte, pecado y gracia, hombre y mujer, Iglesia y mundo, presente y eternidad. Sólo en el conocimiento de Cristo y de ver y vivir todo a luz de su verdad, nos convertimos a la vida verdadera, pasamos de las tinieblas a la luz. En este sentido el Año de la Fe debe ser guía en esta Cuaresma. Puede ayudarnos la carta pastoral del 25 de Noviembre, en la apertura del Año de la Fe. (buscar en esta página).
En este sentido también hago una especial invitación al curso de lectura y profundización de la fe, con el Catecismo de la Iglesia Católica. Es un compromiso exigente (desde el jueves 14 de marzo de 19.30-21), pero es también un regalo de la Diócesis en este Año de la Fe, a conocer mejor la en Cristo, como nos la cree, la vive y la proclama la Santa Iglesia Católica.
Esta semana es ocasión de volver a las fuentes de la vida, a la razón de la existencia, a ver dónde estamos parados. Más sencillamente a enmendarnos, a enderezarnos, a encontrarnos con Dios vivo y verdadero, a dejar que nos rescate de las aguas en que nos hundimos.
Reacciones ante opciones históricas empobrecedoras.
Si el proceso cultural de nuestro país hubiera sido de una apertura pluralista, la Semana Santa debería haberse continuado en una Semana Mayor, para las cosas mayores. Para los cristianos, a la luz de los acontecimientos mayores de la historia: la muerte y resurrección de Jesucristo. Para los no cristianos, una semana de reflexión, de introspección, de encuentros grupales sobre la sabiduría de la vida, sobre el sentido de las cosas, personales, sociales, políticas, sin el afán del poder, del dinero, de la imposición ideológica, sino buscando cambiarnos, mejorar.
Así, en general para los judíos, aún los no creyentes, el día del perdón y las celebraciones que lo acompañan siguen siendo – personal y colectivamente – días de desarrollo de valores éticos, de renovación de las personas. No se quiso borrar su origen religioso, mantiene un valor universal. No se le convirtió, por ejemplo, en un ‘día del baile’.
Desgraciadamente entre nosotros se quiso hacer un proceso de exclusión de la presencia del acontecimiento cristiano en la sociedad - como lo puede comprobar en cualquier documento de la época – y se quiso imponer la ausencia de Cristo.
Con ese fin, para intentar borrar el carácter religioso cristiano, se usó todo el aparato político y estatal, para una contra-religión. Así el valor superior es el poder, la política – valor sí, pero no superior –. En esta semana mayor se destaca el consumo, el placer, la distracción, sean en criollas, cerveza o turismo: poca cosa. No se elevó nada, se acható.
Estamos pagando el precio en una cultura plagada de ignorancia religiosa, de pérdida de valores, de carencia de sentido de la vida y de la muerte, del matrimonio, de los hijos, sin que haya un tiempo colectivo dedicado a lo más elevado del espíritu: la moral, la filosofía, la reflexión sobre el bien y el mal, la vida y la muerte, la esperanza y la desesperanza. Aunque creamos que todo progresa, sin embargo, en muchos aspectos desarrollamos una decadencia.
Pero todos somos responsables de reaccionar. No podemos caer en la excusa de no tener tiempo: si no tenemos tiempo para la búsqueda de la verdad, para enfrentar con Dios desde la posición en que estemos, es porque no queremos. El tiempo lo elegimos.
Una invitación a lo que más importa: la verdad.
Los hombres somos complejos y también las sociedades, pero esa complejidad no es un montón de cosas. Lo primero que hay que recuperar es el amor a la verdad. Para ello, estamos invitados a reconocer nuestros propios engaños, mentiras, medias verdades, sea por intereses personales, sea por amor a sí mismo, sea por búsqueda de poder o placer, sea por distracción, pura vaciedad, vanidad de vanidades.
Citando al Papa Benedicto, el Papa Francisco recuerda “la pobreza espiritual de nuestros días, que afecta gravemente también a los Países considerados más ricos. Es lo que mi Predecesor, el querido y venerado Papa Benedicto XVI, llama la «dictadura del relativismo», que deja a cada uno como medida de sí mismo y pone en peligro la convivencia entre los hombres”.
Todos estamos invitados a hacer el esfuerzo de pensar, de asumir, de criticar los lugares comunes, lo políticamente correcto. En esa lectura – si se hace con decencia – hay que entender el carácter único del cristianismo en nuestra historia, más aún el carácter único de Jesús, sin restringirlo a un mensaje concorde con los propios pensamientos.
A mis hermanos cristianos los invito a escuchar y mirar la verdad plena en Cristo crucificado: en él aprendemos qué es el amor de Dios, que nos llama y perdona, qué es nuestro pecado y nuestra falsedad, qué es la conversión y la vida de discípulos de Jesús. “Si se mantienen en mi palabra, serán verdaderamente discípulos míos, conocerán la verdad, y la verdad los hará libres” (Jn.8,31-32).
En este Año de la Fe, la sinceridad para los cristianos es repasar toda la fe – oír todo el anuncio – y dejarse juzgar por él, en pensamientos y en acciones. Salir de la ignorancia religiosa y, en cambio, sacar todas sus consecuencias prácticas de conversión interior, de conversión de mente y de actos, de sometimiento a la verdad divina, de seguimiento de Jesús.
Recibir el don de Dios.
En el centro de la verdad está que somos pecadores y mortales – que debemos asumir y reconocer esa realidad – y que Dios sale a nuestro encuentro con su gracia, su favor, su luz. Se nos da, pues, el perdón, la salvación y la vida plena como regalo, como favor.
Por lo mismo, en la aceptación de la verdad está el recibir con humildad y gratitud el regalo, el favor. Este don entregado en la muerte de Cristo se nos ofrece en la predicación del Evangelio por la Iglesia, para que creamos, y en la recepción de la gracia por los sacramentos que brotan de la cruz de Cristo.
Por eso, el Señor nos invita a recibir el bautismo y la confirmación, a dejar que renueve su perdón en el sacramento de la Reconciliación – con una buena confesión – a celebrar el don pleno y total en la Santa Misa: mi cuerpo entregado, mi sangre derramada.
De aquí saldrán frutos de vida verdadera.
Alberto Sanguinetti Montero
Obispo de Canelones
SALUDO PASCUAL A LAS COMUNIDADES
INVITACIÓN A LA ADORACIÓN EUCARÍSTICA DIOCESANA
A todos los hermanos en Cristo de Canelones:
La gracia, el perdón y la alegría pascual inunden los corazones de todos nosotros.
En este Año de la fe, los invito a renovar la confesión de fe. Escuchemos el anuncio gozoso del Evangelio y proclamémoslo en todas partes: ¡Cristo resucitó! ¡en verdad resucitó!
Como les recordaba en mi carta del 25 de noviembre, “el Año de la Fe es una invitación a conocer las verdades de la fe, a adherirnos a ellas, y a dejarnos iluminar por ellas”. “La fe católica tiene que ser conocida en su plenitud, con coherencia y fundamentos”, para que nos conduzca a la conversión de nuestra mente, nuestra vida y nuestra acción pastoral.
Quiero compartir con ustedes algunos pasos que vamos dando.
En primer lugar la renovación de la iniciación cristiana. En cinco parroquias, se ha realizado el itinerario catecumenal en la Cuaresma y los candidatos han recibido los sacramentos de la iniciación cristiana en la Vigilia Pascual. ¡Sigamos renovándonos!
En segundo término el Curso de Formación siguiendo el Catecismo de la Iglesia Católica. En forma simultánea es seguido en 15 centros. Quizás alguien pueda aún unirse.
Ahora quiero invitarlos a todos a un camino de adoración y oración. Desde el 6 de abril hasta noviembre, cada sábado y domingo, la Iglesia canaria estará en oración ante el Santísimo Sacramento expuesto en una iglesia concreta. El 6 y 7 comenzamos en Pando, el 13 y 14 en Santa Lucía y así en adelante.
Exhorto a que nos unamos a este itinerario de confesión de fe en Cristo, de adoración y entrega a Dios, de súplica. Invito también a que los que puedan en alguna ocasión se trasladen a la parroquia donde esté expuesto el Santísimo.
Como intenciones comunes para esta cadena de oración propongo las siguientes:
1) por la renovación de la fe de los cristianos y nuestra entrega misionera.
2) por la causa de beatificación del Siervo de Mons. Jacinto Vera, al celebrar los 200 años de su nacimiento
3) Por los matrimonios y las familias.
4) Por las vocaciones sacerdotales.
5) Por los que no conocen a Cristo o viven separados de la Iglesia.
6) Por los que más sufren, los pobres, los enfermos, los abandonados.
Por último les comunico que este año celebro mis 40 años de la ordenación presbiteral. Les pido que oren por mí y los invito a la celebración en la tarde del 19 de mayo, domingo de Pentecostés.
Que el Señor nos conceda la alegría de la fe, la comunión en torno a la Eucaristía, la fortaleza en la obediencia a su voluntad, la libertad para proclamarlo.
Los bendigo de corazón
+ Alberto, Obispo de Canelones
Canelones, Miércoles de Pascua, 3 de abril de 2013.
Esta carta debe ser leída en todas las Misas
Pertenecientes al Domingo II de Pascua.
Por mandato del Sr. Obispo
Pbro. Jorge Antonio Jaurena Churi
Secretario Canciller.
Jesús resucitado es nuestra esperanza
A todos los hermanos de Canelones:
¡Muy santas y felices Pascuas de Resurrección!
Hoy les quiero desear a todos que Jesús resucitado los renueve en la verdadera esperanza.
Nosotros los seres humanos, nuestras relaciones humanas, las familias, las sociedades y los pueblos nos fundamos en la esperanza, es decir, en la tendencia hacia el bien y en la espera de poder alcanzarlo.
Nosotros somos lo que esperamos y según esperamos. Dime qué esperas, qué anhelas y te diré quién eres. Dime cómo esperas alcanzarlo y te diré cuál dónde está tu verdad y tu fuerza.
Hoy junto con el testimonio de los apóstoles y de todos los cristianos les proclamo con humildad y con certeza: La resurrección de Cristo, el crucificado, y toda su enseñanza, nos ofrece la esperanza plena y verdadera, nos invita a esperar con todo el corazón.
Por un lado, Él nos purifica de las falsas esperanzas, porque a veces buscamos como medio de felicidad lo que no es bueno, lo falso, lo malo. Otras veces tomamos como absoluto un bien relativo, subordinado y, por eso, no aspiramos a la esperanza superior.
La misma vida es un bien, un bien fundamental, pero la esperanza que da sentido a la vida es superior a la vida misma: Cristo murió para cumplir la voluntad de Padre y salvarnos.
Jesús santo y entregado hasta la muerte y resucitado nos llama a la esperanza de ser semejantes a él, a ser sus discípulos, a levantar nuestra mirada a la santidad. Esta esperanza se vuelve vida, actos, seguimiento de Jesús.
También Jesús nos libra de la desesperación que proviene de que no somos capaces de ser mejores, de dejar el pecado, de convertirnos a la verdad y el amor. También el peso de los males colectivos, sociales nos pueden llevar a la desesperanza: ¡con las cosas que pasan no vale la pena esforzarse por la virtud!
Sin embargo, lo que no es posible para nuestra debilidad humana, es posible con la ayuda de Dios. Estamos invitados a poner nuestra confianza en Dios que resucitó a Jesús y puedo transformar nuestra vida ahora y darnos la inmortalidad después.
Por momentos, la mentalidad imperante quiere imponer la duda acerca del bien y del mal. Se nos dice que todos son valores relativos y cambiantes. Esta inseguridad ante el bien moral, este relativismo que se quiere imponer es fuente de una gran desesperación: lleva a pensar que da todo lo mismo. Es también una forma de manipulación: si todo es igual, se puede imponer lo que se quiere.
Sin embargo, Jesús fiel hasta el final nos proclama que hay un bien absoluto y la vida merece ser vivida en fidelidad. Hay esperanza de alcanzar la verdad y de volvernos al bien. Hay que defender la verdad y el bien.
Ante nuestra soledad personal, ante las injusticias recibidas, ante las frustraciones profundas, Jesús muerto y resucitado nos entrega el amor incondicional de Dios por cada uno de nosotros.
Ante la realidad de la muerte, Jesús resucitado nos proclama la vocación última del hombre: la resurrección y la vida eterna en la comunión con el Padre.
Ante la vida humana despreciada por la violencia, destruida como un objeto aún en el seno materno, destrozada por las guerras, Jesús que muere y resucita proclama el valor absoluto de cada vida y ser humano, a quien Dios amó hasta el fin.
Ante los intentos de manipulación del cuerpo humano, ante una corporeidad mostrada sólo como objeto, o mera fuente de placer, Jesús torturado proclama la dignidad del cuerpo humano.
Ante el peso de nuestras culpas y pecados, aún cuando los ocultemos, Jesús nos ofrece el perdón, la conversión y la vuelta a la semejanza con Dios.
Ante la pobre esperanza de una vida cerrada en el placer y destinada al aniquilamiento, Jesús resucitado es testigo de la resurrección y la vida del mundo futuro, fuente de toda esperanza.
En muchos ámbitos ante diferentes problemáticas, se habla de la necesidad de educación. Pero, por ejemplo, frente a las consecuencias de los embarazos de adolescentes, sólo se piensa en prevenir la concepción o en destruir la vida. Sin embargo, no se anuncia la esperanza de la castidad, de un dominio de sí mismo, de una orientación de la sexualidad hacia la donación personal, hacia la fidelidad, la alianza estable.
Jesús nos enseña que hay esperanza en la juventud que puede ser más persona, asumir más plenamente sus capacidades de amor y de entrega, incluyendo la libertad para dominarse y entregarse oportunamente.
Ante la imposición de las ideologías por los poderes mundanos, Jesús nos libera por la gracia de la fe en Dios que nos ama y nos salva. Dios es Padre y nos quiere engendrar como hijos suyos en Jesús.
Cuando se nos invita a buscar el bien de todos, a preocuparnos por los otros, a entregar nuestra vida por amor al prójimo, Cristo muerto y resucitado, nos da la esperanza cierta de que es ése el sentido de la libertad: amar y darnos.
Cuando escuchamos que Jesús nos ama y nos llama a dejarlo obrar en nuestras vidas y ser sus discípulos ayudados por la oración y la gracia de Dios, nos levantamos a la esperanza de la vida eterna.
Los saludos y bendigo a todos y los invito a mirar a Jesús, muerto, resucitado y glorificado en los cielos, para apoyar en él la esperanza firme y orientar la propia vida, el corazón, según esa esperanza.
Felices y Santas Pascuas de Resurrección.
Nota: el Domingo 27 de abril, durante su visita pastoral, el Mons. Alberto Sanguinetti celebrará la Santa Misa a las 10.00 en la Parroquia San Antonio María Claret de Progreso, uniéndose a la canonización de los Santos Juan XXIII y Juan Pablo II.
El primero decretó la coronación pontificia de la Virgen de los Treinta y Tres (1961) y la declaró Patrona del Uruguay (1962). El segundo visitó dos veces nuestra patria (1987,1988) y bendijo la imagen de la Virgen de Guadalupe sobre la ruta 5, en Villa Guadalupe (Canelones).
La situación es gravísima en Siria, así como en el resto del Medio Oriente. Orando por todos, no olvidemos a nuestros hermanos cristiano de esas regiones, que son minorías que padecen muchísimo. Acosados en medio de un conflicto entre otros grupos, padecen persecución por el nombre de Jesús.
Esta convocación nos hace caer más en la cuenta de nuestra corresponsabilidad, nuestra comunión con los hombres de toda la tierra y especialmente con nuestros hermanos cristianos.
La guerra es siempre destructiva de las personas, de las relaciones humanas del sustento material y moral de la vida humana. Por ello hemos de trabajar todos por la paz, comenzando por la paz doméstica, la paz ciudadana, la paz entre grupos humanos y los pueblos. Como nos dice el Papa: "No es la cultura del enfrentamiento, la cultura del conflicto, la que construye la convivencia de los pueblos y entre los pueblos; sino esta la cultura del encuentro, la cultura del diálogo, esta es el único camino hacia la paz. El grito de paz se eleve alto para que llegue al corazón de todos, y todos depongan las armas y se dejen guiar del anhelo de paz".
El papa nos convoca a una jornada de oración, confiando que la oración abra a la acción del Espíritu Santo, que puede transformar las mentes y los corazones, del odio al amor, del rencor y la venganza al perdón, de la confrontación a la colaboración. Oramos "para que en las situaciones de guerra y de violencia que vive nuestro mundo, se abran los caminos del diálogo, la reconciliación y la paz".
El ayuno es una forma de oración con todo nuestro ser, con nuestro cuerpo; expresa humildad y renuncia, despojamiento y súplica. Nos reconocemos pobres, nada, para ponernos en manos del hacedor y salvador de los hombres: Dios nuestro Padre, por medio de Jesucristo y la obra del Espíritu Santo.
Estamos llamados a orar y ayunar cada uno, en gesto humilde y personal, y también como cuerpo, como iglesia, por eso dediquemos el próximo sábado 7 tiempos personales y tiempos comunes a esta súplica.
Quedo unido a todos ustedes en la oración común, en a fe y la caridad.
Mis queridos catequistas:
La gracia, la luz y la fortaleza del Espíritu se derrame en ustedes.
Les envío unas brevísimas líneas para que lleguen a todos, aún los que por
diferentes motivos no estarán físicamente presente en Canelones.
El día de la catequesis nos hace celebrar esta gran misión y don de Dios que es
ser sus colaboradores en comunicar la verdad del Evangelio, para ayudar a la
formación de los cristianos.
Este año de la fe nos hace valorar aún más el don precioso que se nos ha
comunicado, el misterio de la piedad revelado en la carne de Jesucristo, que
perdura en su cuerpo que es la Iglesia.
Nuestra Diócesis, en comunión con las indicaciones de Aparecida, crece en la
renovación de la catequesis, que profundiza la dimensión kerigmática, que ahonda en la comunicación de la verdad de la fe, que acompaña la iniciación sacramental en los tiempos litúrgicos, que ilumina la vida.
En este año bicentenario del nacimiento del Siervo de Dios Mons. Jacinto Vera,
agradecemos el testimonio de este celoso pastor, de una entrega misionera sin límites, que enseñó de palabra y de vida el lugar importantísimo del ministerio de la catequesis. Que él nos ayude a la conversión pastoral a la que nos invita nuestra
Hoja de Ruta Diocesana. Que el fuego del Espíritu incendie nuestros corazones con
el ardor que quemaba en el corazón de Don Jacinto.
A todos un saludo caluroso, una bendición de corazón y una inmensa gratitud por elservicio prestado con generosidad y entrega.
Canelones, 12 de diciembre de 2013
“La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros”
Queridos hermanos en Jesús, Hijo de María, Hijo de Dios:
Culminando un nuevo año, con la gracia de haber celebrado como Iglesia el “Año de la Fe”, por este medio quiero hacer llegar mi saludo, por las fiestas que se aproximan.
Dios en su infinita misericordia no abandona a sus creaturas, sino que nos envía a su Hijo, para que encarnándose en nuestra débil naturaleza, dé pleno cumplimiento al gran misterio de salvación trazado desde antiguo.
Este anuncio siempre nuevo, nos llena de júbilo a cada uno de los cristianos que con gozo esperamos la venida definitiva de quien es nuestra salvación, Cristo, el Cordero sin mancha que se entrega para que en Él, perdonados los pecados, recibamos el Espíritu de adopción de hijos de Dios y la esperanza de la vida inmortal.
Que en esta Navidad y en el año que comienza, con convencimiento, con seguridad, abramos nuestro corazón a la gracia de Dios, para continuar con fidelidad la misión que hemos recibido desde el día del bautismo: anunciar a los hombre de hoy el Evangelio de que un Niño nos ha nacido, nos ha sido dado, para desde su fragilidad salvarnos por la fuerza de la misericordia y el amor.
Invocando la protección de la Virgen Madre, con afecto les deseo una Feliz Navidad y un año lleno del amor de Dios, para que lo compartamos con aquellos que Él mismo nos ponga en nuestro camino.
+ Alberto Sanguinetti Montero
Obispo de Canelones
Se ruega que esta carta sea leída
en las celebraciones del IV Domingo
- Responsable de los Catequistas
- Catequistas
- Carta Cuaresma
- Saludo Pascual
- Carta Catequistas
- Mensaje Navidad
A todos los
Sres. Curas Párrocos
Directores de Colegios
Encargados de la Catequesis
_______________________
Queridos hermanos:
Gracia, consuelo y fortaleza del Espíritu Santo.
Antes que nada un caluroso saludo a todos los que entregan sus fuerzas a la catequesis de iniciación de niños: los sacerdotes y diáconos, los responsables y coordinadores, los catequistas, tanto en las parroquias como en los colegios. A todos les conceda el Señor abundancia de dones del Espíritu Santo.
En el pasado Jubileo de los Catequistas hemos tenido una riquísima experiencia de comunión en la fe y en el gozo de anunciar el Evangelio. Allí vivimos en común la comunión en tantos años de catequización en nuestra Diócesis.
En ello seguimos trabajando, y trabajando juntos. Para facilitar esa unidad pastoral tanto afectiva como efectiva, esta breve carta quiere recordar algunos principios y normas que deben ser observadas en toda la Diócesis de Canelones . Siempre hemos de tener presente que la catequesis es una acción de toda la Iglesia, que debe ser llevada adelante según las normas del Obispo diocesano, siguiendo las prescripciones de la Sede Apostólica (CIC.775).
De acuerdo con el camino comenzado en el año 2010, que muchos fueron experimentando el año pasado, recordamos los polos que hemos señalado: 1) Todo desde, hacia y en la Divina Liturgia. 2) Una catequesis kerigmática. 3) Una catequesis edificada sobre la escucha de la Palabra de Dios recibida en y de la Iglesia. 4) Lo que lleva a recibir la formulación de la fe por parte de la Iglesia . 5) Se toma el RICA (Ritual de la Iniciación cristiana de adultos) como iluminador de una catequesis de verdadera iniciación en el misterio de Cristo y de la Iglesia.
Como se anunció oportunamente, (Decreto, con fecha 1 de diciembre de 2010), a partir de este año 2012 deben cumplirse plenamente las normas, que se detallan a continuación[3].
[1] Todo el material está en la www.diocesisdecanelones.com en la sección del Oficio Catequístico.
[2] Ver: Algunas ideas para enfocar la catequesis.
[3] Puede verse más detallado en “Pautas Complementarias para la Catequesis de Iniciación de niños” (en Word y en Power Point).
1) La catequesis de iniciación de niños debe comenzar al menos a los 8 años. Por lo mismo no debe atrasarse su inicio.
Dos precisiones en cuanto a la edad:
a) Si alguna comunidad cree oportuno empezar el proceso de 3 años, siguiendo el Compendio, con niños de 7 años, puede hacerlo a manera de ‘experiencia piloto’. Se solicita que esté en comunicación con el Oficio Catequístico desde el principio para acompañar estas experiencias.
b) Con grupos de niños mayores de 11 años se puede hacer la experiencia de una iniciación más breve, siempre acompañada por el Oficio Catequístico. Este itinerario debe tener un año completo, más la Cuaresma siguiente, con su Semana Santa, antes de la primera comunión; se procurará continuar el 2º años después de iniciados en la mesa eucarística.
Estas opciones no son para generar una competencia entre comunidades, ni generar divisiones. Por eso, encarecidamente se ruega que se consulte al Oficio Catequístico, para ver las pautas y acompañar los procesos de forma que ayuden a todos.
2) La catequesis de iniciación de niños dura 3 años.
3) El tiempo señalado para la Primera Comunión es el Tiempo Pascual del tercer año. De todas formas la catequesis continuará después de la Primera Comunión todo el tercer año. Así los niños tomarán la Primera Comunión a los 10 años. Sin causa específica no se debe atrasar la edad para comenzar a comulgar.
4) De acuerdo con el correspondiente decreto episcopal el Compendio o Catecismo Jesucristo, camino, verdad y vida, es de uso obligatorio en toda la diócesis a partir de este año 2012. Debe ser entregado a los niños en el comienzo de la catequesis .
5) El plan general de la catequesis acompaña el desarrollo del Compendio. Para facilitar la catequesis – que no debe limitarse a la repetición del Compendio – se han proporcionado los subsidios para el primer y segundo año.
6) Los niños que no han recibido el bautismo antes del uso de razón, deben ser iniciados de acuerdo con las disposiciones del RICA, en su parte ‘Ritual de la iniciación cristiana de los niños en edad catequística’.
7) Los párrocos son responsables de vigilar para que los niños estén debidamente dispuestos para recibir la Eucaristía, de acuerdo con estas normas (cf. c.914).
Exhorto a todos a que, con la ayuda de la gracia del Espíritu Santo, con verdadera unidad nos sigamos entregando a la tarea catequística, de modo que cada vez más la Iglesia Católica sea luz viva en Canelones.
Orando para que la Cuaresma y la Santa Pascua produzcan en todos frutos abundantes, los bendigo de corazón.

Canelones, 2 de marzo de 2012
[4]DCG 66. “La catequesis es, así, elemento fundamental de la iniciación cristiana y está estrechamente vinculada a los sacramentos de la iniciación, especialmente al Bautismo,«sacramento de la fe». El eslabón que une la catequesis con el Bautismo es la profesión de fe, que es, a un tiempo, elemento interior de este sacramento y meta de la catequesis. La finalidad de la acción catequética consiste precisamente en esto: propiciar una viva, explícita y operante profesión de fe.
Para lograrlo, la Iglesia transmite a los catecúmenos y a los catequizandos la experiencia viva que ella misma tiene del Evangelio, su fe, para que aquéllos la hagan suya al profesarla. Por eso, «la auténtica catequesis es siempre una iniciación ordenada y sistemática a la revelación que Dios mismo ha hecho al hombre en Jesucristo, revelación conservada en la memoria profunda de la Iglesia y en las Sagradas Escrituras y comunicada constantemente, mediante una 'traditio' viva y activa, de generación en generación»
APÉNDICE
Algunas concreciones a tener en cuenta, para el desarrollo kerigmático e iniciático de la catequesis.
1 – Luego de los encuentros de integración (son suficientes un par de reuniones), al comienzo de la presentación del Kerigma se ha de entregar el compendio Jesucristo, camino, verdad y vida a cada niño.
2 - En el primer año se comienza con el anuncio kerigmático de Cristo, vivo, glorioso y se presentan las personas divinas, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y la Iglesia. Este primer anuncio debe concluirse más o menos en dos meses (si se comenzó en fecha la catequesis, debe hacerse en el mes de mayo).
2 – Al concluir este período (antes de ir viendo la creación y la Historia de la Salvación a la luz de la Trinidad), se pide una gran celebración – con padres presentes – en que los niños aceptan muestran su aceptación de la catequesis.
3 - Los niños no bautizados – catecúmenos en sentido estricto - deben acompañar su iniciación cristiana junto con los otros niños. En la celebración anteriormente descrita, los catecúmenos han de ser aceptados en la catequesis por al signación (ver el RICA). Téngase en cuenta que esta signación, con la que comienza propiamente la catequesis de los catecúmenos forma parte de la celebración del bautismo en etapas, por lo que no puede nunca ser omitida.
4 – Los catecúmenos que comenzaron el camino de la catequesis diocesana el año pasado – que están en 2º - no reciben el agua bautismal cuando se ve este sacramento, sino que han de recibir los tres sacramentos de la iniciación cristiana en la Vigilia Pascual del tercer año. Sí, han de recibir los gestos y bendiciones del catecumenado (p.e. cuando los catequizandos ya bautizados se celebren el Sacramento de la Reconciliación, los catecúmenos no bautizados, deben estar presentes y se harán con ellos las oraciones y bendiciones apropiadas).
Aclaraciones transitorias:
a) si hubo grupos de niños que comenzaron en 2011 con el nuevo plan y omitieron la celebración de aceptación de la catequesis, es oportuno hacerla al comienzo de este año.
b) si hubo niños no bautizados, que comenzaron con el nuevo plan en 2011, y que no recibieron la signación el año pasado, es estrictamente necesaria hacerla en los comienzos de este año, para se vuelvan catecúmenos en el sentido estricto – incluso canónico – y porque la signación forma parte de la administración del bautismo en etapas.
Abundancia de gracia y paz de Dios nuestro Padre y de Jesucristo el Señor.
Antes que nada llegue a cada uno de ustedes mi más caluroso saludo, lleno de
gratitud por el servicio al Evangelio de Jesucristo que llevan adelante en la
catequesis.
Con toda sinceridad estoy sumamente agradecido con Dios, nuestro Señor, y contento con el camino de renovación de la catequesis que estamos llevando a cabo en nuestra Iglesia canaria. A todos nos debe llenar de sano orgullo, con humildad y acción de gracias al Padre de quien procede todo bien.
En la carta pastoral de clausura del Año Jubilar de Oro de la Diócesis, partimos de las palabras del Señor Jesús: “Te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra porque has revelado estas cosas a los pequeños”.
En esa bendición y acción de gracias hay una referencia amplia a nuestro camino. Allí decía y hoy repito: “Nuestra Diócesis ha dado grandes pasos en la renovación de la catequesis. Es momento de agradecer a Dios por ello y de agradecer a los que han dedicado mucho esfuerzo para ofrecer los materiales oportunos y, luego, a los catequistas que se han esforzado por conocerlos y apropiarse de ellos, tanto en sus opciones fundamentales, como en la práctica de la comunicación de la fe”.
Al mismo tiempo los exhorto a seguir adelante profundizando y mejorando el camino emprendido. Ello forma parte de la conversión pastoral que a todos juntos se nos pide, acentuando también la dimensión misionera de toda la vida de nuestra Iglesia.
Al orientarnos hacia el Año de la Fe, al que el Papa nos ha convocado, quiero invitar a todos a una mayor formación en la fe. Tenemos como guía los documentos del Concilio Vaticano II y el Catecismo de la Iglesia Católica. Procuraremos que todos busquemos el modo de conocerlos mejor. Con ese fin intentamos organizar un curso semanal de dos horas, para el año próximo, al que se pueda acceder en cada parroquia por internet, a modo de videoconferencia.
Que el Señor derrame sobre todos nosotros el Espíritu de sabiduría y entendimiento, nos llene del gozo de Cristo y nos haga rebosar en caridad fraterna.
Los bendigo a todos de corazón en el nombre del Señor
Mis queridos hermanos de la Iglesia de Canelones:
Gracia, perdón y vida en el Espíritu Santo nos regale el Señor en esta Santa Cuaresma.
Para ello los invito a estar unidos en este camino de renovación de la vida cristiana. Oremos los unos por los otros, propongámonos participar más de las celebraciones y oraciones comunitarias.
Tengamos en cuenta a nuestros catecúmenos que serán integrados a Cristo y a la Iglesia en la Santa Pascua y a los niños que luego se acercarán a la primera comunión.
Un breve pensamiento dirigido a nuestro querido Papa Benedicto. Agradezcamos al Señor el don de este fiel siervo suyo, que nos dirigió con su oración, su palabra, su testimonio, y su acertado gobierno, y que nos da un nuevo ejemplo de libertad cristiana movida sólo por el amor y el servicio a Cristo y a su Iglesia. Respondamos a su llamado en este Año de la Fe, profundizando el conocimiento de nuestra santa fe católica. También los exhorto a seguir mejor las enseñanzas que nos dejó para renovar la Sagrada Liturgia según el Concilio. Oremos por él.
Como miembros de un solo cuerpo recemos junto con toda la Iglesia, pidiendo la luz del Espíritu Santo para los Padres Cardenales que habrán de elegir al nuevo obispo de Roma, que como Papa presidirá a la Iglesia Universal en el nombre del Señor.
Los bendigo en el Señor
+ Alberto Sanguinetti Montero
Obispo de Canelones
Jesús resucitado es nuestra esperanza
A todos los hermanos de Canelones:
¡Muy santas y felices Pascuas de Resurrección!
Hoy les quiero desear a todos que Jesús resucitado los renueve en la verdadera esperanza.
Nosotros los seres humanos, nuestras relaciones humanas, las familias, las sociedades y los pueblos nos fundamos en la esperanza, es decir, en la tendencia hacia el bien y en la espera de poder alcanzarlo.
Nosotros somos lo que esperamos y según esperamos. Dime qué esperas, qué anhelas y te diré quién eres. Dime cómo esperas alcanzarlo y te diré cuál dónde está tu verdad y tu fuerza.
Hoy junto con el testimonio de los apóstoles y de todos los cristianos les proclamo con humildad y con certeza: La resurrección de Cristo, el crucificado, y toda su enseñanza, nos ofrece la esperanza plena y verdadera, nos invita a esperar con todo el corazón.
Por un lado, Él nos purifica de las falsas esperanzas, porque a veces buscamos como medio de felicidad lo que no es bueno, lo falso, lo malo. Otras veces tomamos como absoluto un bien relativo, subordinado y, por eso, no aspiramos a la esperanza superior.
La misma vida es un bien, un bien fundamental, pero la esperanza que da sentido a la vida es superior a la vida misma: Cristo murió para cumplir la voluntad de Padre y salvarnos.
Jesús santo y entregado hasta la muerte y resucitado nos llama a la esperanza de ser semejantes a él, a ser sus discípulos, a levantar nuestra mirada a la santidad. Esta esperanza se vuelve vida, actos, seguimiento de Jesús.
También Jesús nos libra de la desesperación que proviene de que no somos capaces de ser mejores, de dejar el pecado, de convertirnos a la verdad y el amor. También el peso de los males colectivos, sociales nos pueden llevar a la desesperanza: ¡con las cosas que pasan no vale la pena esforzarse por la virtud!
Sin embargo, lo que no es posible para nuestra debilidad humana, es posible con la ayuda de Dios. Estamos invitados a poner nuestra confianza en Dios que resucitó a Jesús y puedo transformar nuestra vida ahora y darnos la inmortalidad después.
Por momentos, la mentalidad imperante quiere imponer la duda acerca del bien y del mal. Se nos dice que todos son valores relativos y cambiantes. Esta inseguridad ante el bien moral, este relativismo que se quiere imponer es fuente de una gran desesperación: lleva a pensar que da todo lo mismo. Es también una forma de manipulación: si todo es igual, se puede imponer lo que se quiere.
Sin embargo, Jesús fiel hasta el final nos proclama que hay un bien absoluto y la vida merece ser vivida en fidelidad. Hay esperanza de alcanzar la verdad y de volvernos al bien. Hay que defender la verdad y el bien.
Ante nuestra soledad personal, ante las injusticias recibidas, ante las frustraciones profundas, Jesús muerto y resucitado nos entrega el amor incondicional de Dios por cada uno de nosotros.
Ante la realidad de la muerte, Jesús resucitado nos proclama la vocación última del hombre: la resurrección y la vida eterna en la comunión con el Padre.
Ante la vida humana despreciada por la violencia, destruida como un objeto aún en el seno materno, destrozada por las guerras, Jesús que muere y resucita proclama el valor absoluto de cada vida y ser humano, a quien Dios amó hasta el fin.
Ante los intentos de manipulación del cuerpo humano, ante una corporeidad mostrada sólo como objeto, o mera fuente de placer, Jesús torturado proclama la dignidad del cuerpo humano.
Ante el peso de nuestras culpas y pecados, aún cuando los ocultemos, Jesús nos ofrece el perdón, la conversión y la vuelta a la semejanza con Dios.
Ante la pobre esperanza de una vida cerrada en el placer y destinada al aniquilamiento, Jesús resucitado es testigo de la resurrección y la vida del mundo futuro, fuente de toda esperanza.
En muchos ámbitos ante diferentes problemáticas, se habla de la necesidad de educación. Pero, por ejemplo, frente a las consecuencias de los embarazos de adolescentes, sólo se piensa en prevenir la concepción o en destruir la vida. Sin embargo, no se anuncia la esperanza de la castidad, de un dominio de sí mismo, de una orientación de la sexualidad hacia la donación personal, hacia la fidelidad, la alianza estable.
Jesús nos enseña que hay esperanza en la juventud que puede ser más persona, asumir más plenamente sus capacidades de amor y de entrega, incluyendo la libertad para dominarse y entregarse oportunamente.
Ante la imposición de las ideologías por los poderes mundanos, Jesús nos libera por la gracia de la fe en Dios que nos ama y nos salva. Dios es Padre y nos quiere engendrar como hijos suyos en Jesús.
Cuando se nos invita a buscar el bien de todos, a preocuparnos por los otros, a entregar nuestra vida por amor al prójimo, Cristo muerto y resucitado, nos da la esperanza cierta de que es ése el sentido de la libertad: amar y darnos.
Cuando escuchamos que Jesús nos ama y nos llama a dejarlo obrar en nuestras vidas y ser sus discípulos ayudados por la oración y la gracia de Dios, nos levantamos a la esperanza de la vida eterna.
Los saludos y bendigo a todos y los invito a mirar a Jesús, muerto, resucitado y glorificado en los cielos, para apoyar en él la esperanza firme y orientar la propia vida, el corazón, según esa esperanza.
Felices y Santas Pascuas de Resurrección.
Nota: el Domingo 27 de abril, durante su visita pastoral, el Mons. Alberto Sanguinetti celebrará la Santa Misa a las 10.00 en la Parroquia San Antonio María Claret de Progreso, uniéndose a la canonización de los Santos Juan XXIII y Juan Pablo II.
El primero decretó la coronación pontificia de la Virgen de los Treinta y Tres (1961) y la declaró Patrona del Uruguay (1962). El segundo visitó dos veces nuestra patria (1987,1988) y bendijo la imagen de la Virgen de Guadalupe sobre la ruta 5, en Villa Guadalupe (Canelones).
La situación es gravísima en Siria, así como en el resto del Medio Oriente. Orando por todos, no olvidemos a nuestros hermanos cristiano de esas regiones, que son minorías que padecen muchísimo. Acosados en medio de un conflicto entre otros grupos, padecen persecución por el nombre de Jesús.
Esta convocación nos hace caer más en la cuenta de nuestra corresponsabilidad, nuestra comunión con los hombres de toda la tierra y especialmente con nuestros hermanos cristianos.
La guerra es siempre destructiva de las personas, de las relaciones humanas del sustento material y moral de la vida humana. Por ello hemos de trabajar todos por la paz, comenzando por la paz doméstica, la paz ciudadana, la paz entre grupos humanos y los pueblos. Como nos dice el Papa: "No es la cultura del enfrentamiento, la cultura del conflicto, la que construye la convivencia de los pueblos y entre los pueblos; sino esta la cultura del encuentro, la cultura del diálogo, esta es el único camino hacia la paz. El grito de paz se eleve alto para que llegue al corazón de todos, y todos depongan las armas y se dejen guiar del anhelo de paz".
El papa nos convoca a una jornada de oración, confiando que la oración abra a la acción del Espíritu Santo, que puede transformar las mentes y los corazones, del odio al amor, del rencor y la venganza al perdón, de la confrontación a la colaboración. Oramos "para que en las situaciones de guerra y de violencia que vive nuestro mundo, se abran los caminos del diálogo, la reconciliación y la paz".
El ayuno es una forma de oración con todo nuestro ser, con nuestro cuerpo; expresa humildad y renuncia, despojamiento y súplica. Nos reconocemos pobres, nada, para ponernos en manos del hacedor y salvador de los hombres: Dios nuestro Padre, por medio de Jesucristo y la obra del Espíritu Santo.
Estamos llamados a orar y ayunar cada uno, en gesto humilde y personal, y también como cuerpo, como iglesia, por eso dediquemos el próximo sábado 7 tiempos personales y tiempos comunes a esta súplica.
Quedo unido a todos ustedes en la oración común, en a fe y la caridad.
A los cristianos y a todos los habitantes de Canelones les anuncio, con las palabras de la Sagrada Escritura: El pueblo que habitaba en tinieblas vio brillar una gran luz (Mt.4,16).
En esta Navidad les deseo a todos un encuentro con Jesús, en el que nos dejemos iluminar por su luz, la luz de la verdad.
Jesús es la Palabra Eterna de Dios, la luz verdadera, que viniendo a este mundo, ilumina a todo hombre (Jn.1,9). Él nos abre la verdad de Dios y la verdad sobre el hombre. Los seres humanos y el mundo entero tenemos necesidad de la luz de la verdad y del humilde esfuerzo de buscarla y reconocerla, aunque sea de a poco. El mayor cáncer para el hombre, la peor desesperanza es el relativismo que quita valor y sentido objetivo a toda la existencia. La realidad del Niño Jesús en Belén es apoyo y fuente para animarnos al camino de la verdad.
En medio de las tinieblas con que el pecado cubre a la humanidad, también en este tiempo brilla la luz de Cristo. Su nacimiento es fuente de esperanza: esperanza del perdón de los pecados, de la superación de la muerte, que en todo nos acecha. Es luz que nos anima a sobrellevar el dolor, a creer que esta vida – aún con sus contradicciones – tiene un sentido pleno y es comienzo de la eternidad.
Las tinieblas del relativismo desvalorizan el ser humano, hasta la violencia de reducir la muerte del no-nacido a una simple ‘prestación de servicios’. La luz del nacimiento de este Niño acostado en un pesebre nos habla del valor único, absoluto, de todo ser humano, digno del amor de Dios y de los hombres, llamado a la vida eterna.
Frente a la pérdida del sentido del matrimonio y de la familia, hasta el punto de querer tratarlos como un contrato absolutamente manipulable por la voluntad de los hombres, el niño Jesús, cuidado por María y José, nos recuerda el carácter único y sagrado de la familia, fundada sobre el matrimonio, que, además, para los bautizados, es un sacramento de Cristo.
La luz de Navidad es fuente del mejor humanismo, que incluye la verdad, la fidelidad y el amor que se entrega. Invita a todos a una vida personal, familiar y social, que no se deja llevar por la sinrazón de las modas, de lo que se impone como socialmente correcto, de las tinieblas que oscurecen la mente y el corazón.
La luz de Jesucristo es una invitación al coraje de elegir la verdad, y buscar vivir según ella, incluso en los espacios públicos de la política, la comunicación y el razonamiento.
Como nos recuerda el Papa Benedicto, “forma parte del ser cristiano el salir del ámbito de lo que todos piensan y quieren, de los criterios dominantes, para entrar en la luz de la verdad sobre nuestro ser y, con esta luz, alcanzar el camino justo” (cf. La infancia de Jesús).
En este Año de la Fe, a los católicos los exhorto a esforzarse por conocer y vivir toda la verdad de Jesús, como nos la enseña la Santa Madre Iglesia, según la recibió de los apóstoles.
En especial los invito a reconocer la relación que hay entre el Dios que toma carne de María y la Santa Misa, la máxima realidad de Cristo en este mundo. En ella se da lo que cantamos con fe: “es el Dios que da la vida y nació en un portal, de la Virgen concebida sin pecado original”.
Que cada uno sea bañado por la luz que brota del Niño en el pesebre y, conmovido por él, sonría a la esperanza de una vida más verdadera, justa, honrada y religiosa.
X Alberto, Obispo de Canelones
