Las palabras de Jesús siguen teniendo valor. Esa es la verdadera luz que ilumina el camino de nuestra vida. Más aún, Él mismo es la Palabra, la mismísima Palabra de Dios, por medio de la cual creó todo lo que existe. Esa Palabra creadora, con toda su fuerza, con todo su poder, se concentra en Jesucristo, la Palabra de Dios hecha carne. La persona misma de Jesús, muerto y resucitado, es la luz del mundo.
Mi reflexión sobre el evangelio del 33er. Domingo durante el año, ciclo B, Octava jornada mundial de los pobres.
Bendiciones,
+ Heriberto, Obispo de Canelones, Uruguay
