ACTO DE CONSAGRACIÓN DE LA DIÓCESIS DE CANELONES A LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA, NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE. Rezado por Mons. Alberto Sanguinetti Montero, con el final por todo el pueblo. Catedral Nuestra Señora de Guadalupe de Canelones, 13 de octubre de 2019 Santísima Virgen María, Madre del verdadero Dios, Aquel por quien vivimos, del Creador de las personas, del Dueño de lo que está cerca y junto, del cielo y de la tierra. Aquí tienes a tus pies a esta Iglesia que peregrina en Canelones, que mira en ti a su arquetipo en el orden de la fe, la caridad y la perfecta unión con Cristo. La Santa Iglesia de Dios, Virgen y Madre, en ti, María, contempla en forma eminente el modelo de la virgen y de la madre. La Esposa Virgen en la fidelidad a Cristo, en la obediencia de la fe y en la entrega a su servicio. La Iglesia nuestra Madre que, fecundada por el Espíritu por medio de la palabra y el bautismo engendra a los hijos de Dios. En ti, llena de gracia, la Iglesia ve realizada la alianza plena, sobreabundante y eterna, que ella participa a sus miembros por la unción del santo Crisma comunicando el sello del don del Espíritu Santo. Hacemos memoria agradecida de tu presencia secular en medio de nosotros y del día dichoso en que nuestro primer obispo, Mons. Orestes Nuti, te coronó solemnemente, para expresar nuestro reconocimiento de que el Señor, que hizo en ti grandes cosas, se acuerda de nosotros su pueblo y su misericordia llega de generación en generación a lo que lo temen. Entonces y ahora manifestamos nuestro amor filial, nuestra confianza sin límites en ti, que estás aquí y eres nuestra Madre, bajo cuya sombra y resguardo estamos, en el hueco de tu manto en donde se cruzan tus brazos. Por eso, en medio de nuestras dificultades, con el peso de nuestros pecados, seguros de tu presencia, no tenemos necesidad de cosa alguna y, llevados por ti a tu Hijo, sostenidos por el Espíritu Santo que te llenó con su gracia, renovamos nuestra fe y confianza en el Padre, para que ninguna cosa nos aflija, ni nos perturbe. En ti aprendemos a ser dichosos, al escuchar la palabra de Dios y cumplirla. En ti miramos la esperanza de la bienaventuranza eterna en la morada que Cristo nos ha preparado en la casa del Padre. Tú, que nos das a Jesús y nos acompañas en la Iglesia, eres perpetuamente la fuente de nuestra alegría, que nos enseñas a cantar la grandeza del Señor, nos llevas a que contigo exulte nuestro espíritu, en Dios nuestro Salvador. Te presentamos a todos los que habitan esta tierra canaria, y te pedimos que, respondiendo al llamado de Dios, con humildad y obediencia dejen que se realice en ellos el plan del Padre, que nos amó antes de la creación del mundo. Llamados por la fe en el Evangelio de Cristo y renacidos en el bautismo, colmados por la unción real y sacerdotal del santo crisma, en cada Eucaristía somos ofrecidos como un solo pueblo consagrado a Dios, cuerpo de Cristo y templo del Espíritu, enviado a anunciar las maravillas del que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable. Para que nos introduzcas en la comunión de la Trinidad, para que nos custodies en su misterio y comunión, a ti Virgen Santa, Virgen de Guadalupe, te ofrecemos alma, vida y corazón, a fin de que, en nuestra Iglesia seamos uno, como Cristo lo suplicó al Padre, para que el mundo crea. Que seamos sarmientos fecundos de la santa vid en servicio y caridad. Por eso hoy, nosotros, Iglesia de Canelones, pueblo de Dios, consagrado al Padre, por el Verbo y el Espíritu, que te tenemos por Madre, Patrona y Protectora, nos consagrarnos a ti, para que se realice más plenamente en nuestra Iglesia, y en cada uno de sus miembros, el misterio de gracia y santidad, que nos hace partícipes y herederos de la vida eterna. Te lo pedimos, con un solo corazón y una sola alma, orándote filialmente: María Santísima, Madre de Dios, a quien invocamos como Virgen de Guadalupe y Virgen de los Treinta y Tres. Bendita entre todas las mujeres. Nos consagramos a ti, pidiendo nos auxilies para seguir tu ejemplo de santidad: que seamos fieles al bautismo en el que con Cristo morimos y resucitamos a vida nueva, de fe, esperanza y caridad, como hijos de Dios en la Santa Iglesia. Que el Espíritu Santo, con que fuimos ungidos y sellados en la confirmación, nos haga fieles a la vocación que hemos recibido, para el servicio y gloria de Dios, para bien de nuestros hermanos, en la esperanza de alcanzar contigo la vida plena de la Santísima Trinidad. Amén.
